Yadira se llevó la mano a la mejilla por inercia; parecía que aún le latía el ardor de la bofetada de la noche anterior.
Ese golpe que Nelson le había dado por defender a Ivana.
¡Y ella que pensaba que hoy podría cobrárselo directamente a esa mujer!
Tenía unas ganas inmensas de plantarse frente a Nelson y gritarle: «¿Acaso no viste el reporte? ¿Entonces por qué no estás furioso? ¿Por qué no entras y le cruzas la cara a esa desgraciada?».
Pero no se atrevió.
Tenía miedo de que, si seguía preguntando, Nelson sospechara de ella y le acomodara otra bofetada.
Yadira apretó los dientes. En lugar de enfrentarlo, compuso una expresión dulce y compasiva.
—Nelson, sea como sea, tienes que cuidar tu salud. Seguro que no has probado bocado, ¿verdad? Justo te traje algo de comer, es muy rico. ¿Por qué no cenas un poco?
Nelson ni siquiera volteó a verla.
—Vete.
Tras decir eso, la ignoró por completo, empujó la puerta y entró en la habitación.
Yadira se quedó sola en el pasillo, sosteniendo la canasta de frutas y la comida, sintiendo cómo se le subían los colores a la cara de pura humillación.
La habitación tenía un excelente aislamiento acústico; al entrar, el mundo exterior desapareció y todo se volvió un remanso de paz.
Nelson se dio la vuelta y clavó la vista en la mujer que yacía en la cama. La frialdad de sus ojos se fue derritiendo poco a poco, pero lo que quedó en su lugar fue un profundo e insondable agotamiento.
Caminó hacia la cama, se sentó a un lado y la contempló durante mucho tiempo.
Solo hasta que el doctor entró a hacer su ronda de rutina, él rompió el silencio.
—Señor Zavala, ¿necesita algo?
Nelson no apartó la vista del rostro pálido de Ivana al hacer la pregunta que más lo atormentaba:
—¿Cuándo va a despertar?
El doctor revisó el expediente que llevaba en las manos y frunció el ceño.
—Es difícil decirlo con exactitud. El cuerpo de la paciente está extremadamente débil y la hemorragia severa que sufrió a causa del aborto espontáneo le pasó factura. Cuándo despertará dependerá mucho de su propia fuerza de voluntad. Por ahora, hay que procurar que descanse en paz.
Nelson acarició con suavidad el dorso de la mano de Ivana.
—Entiendo.

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