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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 52

¿Cómo había llegado a este punto en tan pocos años?

En sus recuerdos, Ivana era una belleza fría, radiante y segura de sí misma.

Sin embargo, traía esa cara de “no me distraigan”, como si el mundo entero le estorbara para estudiar.

En aquel entonces, ¿cuántos en la escuela querían pretenderla, pero no se atrevían?

Gilda miró a Ivana y sintió una emoción compleja e indescriptible, una especie de melancolía.

Era como ver a alguien a quien la vida le apagó la luz antes de tiempo.

—Ivana, ¿por qué dejaste la escuela? ¿Recuerdas a la otra interna que entró al laboratorio al mismo tiempo que tú?

»Gracias a esa experiencia, en cuanto obtuvo su título, entró en una gran empresa. Ahora ya trae un puestazo y gana muy bien, de esos sueldos que te cambian la vida.

Al oírlo, a Ivana se le hizo un nudo y la mirada se le humedeció, porque eso era exactamente lo que ella había soñado para sí misma.

—¿No decías que querías que te cocinara algo? Pues hoy sí te voy a apapachar: ven, prueba cómo me queda. —dijo Ivana, tratando de desviar el tema.

Si algo había aprendido en estos años, era a cocinar.

Gilda, todavía joven e incapaz de leer entre líneas, además de ser una parlanchina, la siguió hasta la cocina y empezó a ayudarla diligentemente a preparar las verduras.

—Pero aun así, los Zavala tienen lana de sobra; son de los pesos pesados de Corvila. ¿Cómo pueden ser tan tacaños con su nuera?

Ivana solo pudo responder:

—Es que estamos en proceso de divorcio, por eso no quiero tener nada que ver con él.

A decir verdad, en cuanto a comida, ropa y gastos, Nelson no había sido tacaño con ella. Siempre enviaba la ropa de la última temporada de todas las grandes marcas directamente a la mansión donde vivían.

¿Pero de qué servía?

Siempre era lo mismo: le encajaba la tarjeta en la mano sin mirarla, o la dejaba ahí aventada, como quien se quita una obligación de encima.

«Toma, para que no digas que no me preocupo por ti».

Su tono era plano, sin rastro de calidez.

Tras soltar la frase, tomó su abrigo y se fue.

La puerta tronó y ella se quedó sola, con el silencio encima.

Le había costado tanto reunir el valor, y al final, este era el resultado.

La actitud de Nelson siempre era la misma: «Te doy dinero, te doy la mejor vida, ¿qué más quieres?».

Ella solo quería que él le tomara la mano, como antes.

Pero desde que ocurrió lo de Yadira, Nelson solo sentía responsabilidad hacia ella, e incluso se esforzaba por ocultar el profundo desprecio que le tenía.

Regresaba a casa puntualmente todos los días, pero era como un huésped silencioso, y aun así, se las arreglaba para que nadie a su alrededor pudiera criticarlo.

A veces, Ivana se quejaba con su madre, pero…

—Nelson es un hombreazo, ¿y todavía dices que no te trata bien? Él no anda por ahí haciendo tonterías, no fuma ni bebe, y nunca es tacaño. Tienes una sirvienta que te atiende todo el día, ¿de qué más te quejas? ¡No seas tan dramática!

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