Pero esta vez, cruzaron la línea.
Lo más importante era que Nelson necesitaba usar esto para dejar claro su punto. ¡Iba a hacer rodar cabezas para que todos aprendieran la lección!
Así que, sin remordimientos, deslizó el dedo y rechazó la llamada.
Hizo pública la destrucción de la familia Noyola.
No ocultó los motivos: lo hizo porque los Noyola se habían atrevido a difamar a Ivana.
Pero esto era solo el comienzo.
Destruir a esa familia no había apagado la furia de Nelson; al contrario, la había avivado.
Tampoco iba a perdonar a Cristián Jurado.
Resultó que el médico tenía antecedentes de recibir sobornos de pacientes, algo que en su momento el hospital encubrió.
Nelson movió sus influencias para reabrir el caso y lo reportó a la Comisión de Salud. Inmediatamente iniciaron una investigación y le revocaron la licencia médica a Cristián.
No quería matarlo; quería destrozar su futuro.
Quería que el mundo entero entendiera que, quien se atreviera a abrir la boca sobre Ivana, terminaría igual de arruinado que Cristián.
Urbano Landa lo mantenía al tanto de cómo iba la limpieza de las redes, pero pronto se toparon con el mayor obstáculo.
Sin importar cuántas publicaciones borraran, siempre había una fuerza que volvía a atacar.
¡Eran los fans de Yadira!
Al fin y al cabo, ella era la supuesta víctima legítima de aquel accidente, lo que la ponía en un pedestal de superioridad moral en internet.
Yadira había debutado en la televisión y siempre estuvo bajo los reflectores de la farándula.
Con el paso de los años, sus viejos seguidores se habían convertido en un ejército fiel, dispuesto a defender a su diosa.
Cada vez que alguien sacaba a relucir el tema del accidente, sus fans salían a atacar como jauría.
Usaban la historia que ya todos conocían de memoria para crucificar a Ivana una y otra vez.
—¡Ivana la empujó a propósito!
—¡Ella le destrozó las piernas a nuestra Yadira!

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