—Escuchaste perfectamente y no pienso repetirlo ni darte más explicaciones. ¡Cancela todas tus cuentas de redes sociales ahora mismo! —insistió Nelson, con un tono que no admitía réplica.
—¿Y por qué tendría que hacerlo? —Yadira perdió los estribos de inmediato—. Nelson, ¿acaso no sabes que todo eso es el fruto de mi esfuerzo de años? Cada foto que subo está cuidada al detalle. ¿Por qué iba a borrarlo todo solo porque tú lo dices?
Nelson la miró fijamente a los ojos. Tras dudar un segundo, decidió darle sus motivos:
—Porque voy a limpiar internet de todas las noticias negativas sobre Ivana. Y tú estás entorpeciendo seriamente ese proceso.
—¿Por Ivana? —Yadira sintió que la rabia le quemaba las entrañas—. ¿Estás dispuesto a destruir mi carrera solo por ella?
Nelson frunció el ceño, y su voz se volvió aún más fría.
—Nadie está destruyendo tu carrera. Solo te estoy diciendo que cierres la boca. No quiero ver ni un solo comentario malicioso sobre ella, y tus seguidores se han convertido en un verdadero obstáculo.
—¿Cerrar la boca? ¡Lo dices como si fuera cualquier cosa! —Yadira se enderezó de golpe, con los ojos echando chispas—. ¡Mis fans no están inventando nada! ¡Todo es verdad! Hace cuatro años, en la boda, ¡fue ella quien me empujó! ¡Fue ella quien arruinó mi pierna! ¿Acaso ya está prohibido hablar de eso?
Dominada por la frustración, su voz se volvió tan aguda que varios clientes del local voltearon a mirarla.
En contraste absoluto, Nelson asintió con una calma perturbadora.
—Sé que lo que pasó entonces fue culpa de Ivana. Sin embargo, necesito que colabores y canceles tus cuentas cuanto antes.
Yadira se quedó en silencio, sin saber qué más decir.
Nelson, consciente de que su petición era autoritaria, intentó explicarse con un poco más de paciencia.
—El problema es que tus seguidores están usando ese tema para atacar a Ivana sin descanso. Así que mi única opción para acabar con esto de raíz es esta.
El rostro de Yadira palideció aún más, y aunque por inercia quiso defenderse, la culpa la traicionó por dentro.

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