—También tendremos que vigilar sus signos vitales de cerca, para ver si su sistema nervioso empieza a repararse por sí mismo y si su tolerancia al dolor va mejorando —añadió el doctor Gonzalo.
Aunque no era la confirmación absoluta que Nelson esperaba escuchar, dejó escapar un largo suspiro, liberando toda la tensión acumulada.
¡Mientras no empeorara, ya lo consideraba una victoria!
Sin embargo, en medio del ambiente tenso del tratamiento, una figura fuera de lugar comenzó a merodear por los pasillos del hospital.
¡Yadira!
El rechazo tajante de Nelson la vez anterior no pareció desanimarla demasiado. Al contrario, sus visitas al hospital se volvieron cada vez más frecuentes.
Y cada vez que iba, llevaba consigo costosos suplementos o joyas refinadas, con el rostro enmarcado en una expresión de profunda angustia.
—Por favor, entra y dile a Nelson que solo vengo a ver a Ivana. Está enferma, ¿no? Estoy muy preocupada. Al fin y al cabo, ¡es como si fuera mi hermana menor!
No obstante, la habitación de cuidados especiales tenía estrictas normas de esterilización, y nadie, a excepción del personal médico y familiares directos, tenía permitido el acceso.
Tras varias visitas de ella, Nelson finalmente accedió a salir a verla.
—Agradezco el gesto, pero es mejor que te vayas. No puedes hacer nada por ella en su estado actual, ¡y estar aquí solo le quitará la paz!
Yadira, detenida por los guardaespaldas en el pasillo, iluminó su mirada al verlo salir. Luego, con un tono lleno de aflicción, le dijo:
—Nelson, mira esas ojeras que tienes. Has estado sufriendo mucho, ¿verdad? ¿Hasta cuándo vas a cargar con todo esto tú solo? ¡Debe ser agotador!
»Déjame entrar para ayudarte. Al menos podrás dormir un poco, y siendo mujer, me será mucho más fácil cuidarla en ciertos aspectos.
»Te juro que no dejaré que ella ni su madre me vean. ¿Ni siquiera así me dejas ayudar?
Sin embargo, Nelson negó rotundamente con la cabeza, le dijo un par de frases cortas y se metió de nuevo en la habitación.

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