Lo único que realmente le importaba en ese momento era su título de graduación.
Para ella, no era solo un pedazo de papel.
¡Era el símbolo de los cuatro años de juventud que había perdido, de la vida que le habían robado, la prueba definitiva de todo lo que había sacrificado por ese hombre!
Ivana finalmente giró la cabeza. Sus ojos seguían tan muertos como antes.
—Esta no es la primera vez que me arrastras a la desgracia, ¿o me equivoco?
Habló en un susurro, pero fue suficiente para dejar a Nelson sin palabras, incapaz de defenderse.
—Ya no siento nada —continuó ella—. Si de verdad te importo un poco, deberías firmar el divorcio de una vez. Déjame irme lejos de este infierno, lo más lejos posible de ti.
Esas palabras lo golpearon como un bloque de hielo en el pecho.
Nelson se quedó paralizado y le tomó un largo rato recuperar la voz.
—¿Todavía quieres el divorcio?
Ivana apartó la mirada y no volvió a verlo.
—Te lo he dicho hasta el cansancio. No estoy jugando. Nelson, hace mucho tiempo que debimos separarnos, pero fuiste tú quien me obligó a quedarme a la fuerza.
—Pero aún nos amamos, ¿verdad? —Nelson se arrojó junto a la cama y tomó sus manos con desesperación—. Ivana, sé que no fui el mejor en el pasado. ¡Puedes golpearme, insultarme, haz lo que quieras!
»¡Pero he cambiado! ¡Te juro que soy otro! Mientras estabas inconsciente pensé en muchísimas cosas. Hay tanto que necesito aclararte.
»Empecemos de cero, ¿sí? Te prometo que nadie volverá a pisotearte y que toda esta locura se acabará.
»En cuanto te recuperes, nos iremos de aquí y todo volverá a ser como antes.
»Por favor, Ivana, dame una última oportunidad, ¿sí? ¡No puedo vivir sin ti!
Nelson estaba a punto de arrodillarse y suplicarle. Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras hablaba.
Él jamás lloraba frente a ella, pero esta vez el dolor fue insoportable.
Sin embargo, Ivana frunció el ceño y le arrebató la mano.

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