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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 576

—¡Por Dios! —exclamó el Productor Vicente, muy sorprendido—. ¿Y eso tiene cura?

Gregorio soltó una sonrisa amarga y negó con la cabeza.

—No tiene cura. Solo se puede controlar con medicamentos y chequeos constantes para retrasar el daño.

—Y lo peor de todo... ¡es una enfermedad hereditaria!

***

En la entrada del hospital, Cristián Jurado llevaba un rato merodeando, aunque caminaba con cierta duda.

Esta vez no llevaba la impecable bata blanca, sino ropa de calle.

Desde aquel día en que ofendió a Ivana, y Nelson movió sus influencias para que le quitaran la licencia médica y lo despidieran, Cristián parecía un perro callejero. Nadie en la industria quería darle trabajo.

Estaba arrepentido.

No solo por haber perdido su carrera, sino porque la brutal golpiza que le dio Nelson lo había hecho despertar a la dura realidad.

Tras dudar por un largo rato, finalmente se armó de valor y se dirigió a la zona de las habitaciones VIP.

Pero apenas pisó el pasillo, dos guardaespaldas de traje negro aparecieron de la nada y se interpusieron en su camino.

—Señor, no se permiten visitas.

Cristián esbozó una sonrisa nerviosa y suplicó:

—Soy Cristián Jurado. Solo vengo a pedirle disculpas a la esposa del Sr. Zavala. Yo tuve la culpa la última vez. ¡Por favor, déjenme pasar solo para decirle un par de palabras!

—Retírese. El Sr. Zavala ordenó estrictamente que no entrara nadie ajeno.

Los guardaespaldas seguían inamovibles. Sus voces eran frías y no dejaban lugar a negociaciones.

Dentro de la habitación, Ivana estaba aburrida, viendo una serie de televisión en la tableta y criticándola mientras la miraba.

Al despertar, descubrió que habían pasado varios años. La tecnología había avanzado bastante, pero ¿por qué las buenas películas y series escaseaban tanto ahora?

Al escuchar los murmullos de una discusión en la puerta, dejó la tableta con curiosidad y se asomó por la ventanilla de cristal.

Vio a un hombre joven, pero no lo reconoció en lo absoluto. No lograba recordar de dónde lo conocía.

Por el rabillo del ojo, Cristián notó movimiento en la habitación. Levantó la vista y de inmediato vio a Ivana.

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