¡Había sido el trofeo de la carrera lo que le había salvado la vida!
Pero a Nelson ya no le importaban sus propias heridas. Estiró la mano y empezó a darle suaves palmadas en la cara a su hermano.
—¡Hermano! ¡Despierta!
Su voz sonaba ahogada y hueca dentro del auto deformado.
Los párpados de Roque temblaron ligeramente hasta que por fin logró abrir los ojos.
Sin embargo, esos ojos que siempre estaban llenos de calidez y sonrisas, ahora estaban vidriosos, apagados, sin un rastro de luz.
—Nel... son...
Abrió la boca, pero el sonido que salió de su garganta fue apenas un susurro.
Nelson acercó rápidamente la cabeza, pero se dio cuenta de que no podía escuchar casi nada. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin control.
—Hermano, no hables, guarda tus fuerzas. Tengo los oídos lastimados, no puedo escucharte bien, ¡pero no te preocupes, el equipo de rescate ya debe venir en camino!
Pero los labios de Roque seguían moviéndose débilmente, como si intentara decirle algo.
—Hermano, ¿qué quieres decir? ¿Te duele mucho?
Roque lo miró fijamente, con una expresión de urgencia en sus ojos.
De repente, su cuerpo dio una fuerte sacudida y una bocanada de sangre brotó de su boca, salpicando por completo el dorso de la mano de Nelson.
—¡Hermano! —gritó Nelson, aterrorizado.
Trató desesperadamente de limpiarle la sangre de la barbilla, pero entre más limpiaba, más sangre salía.
Unos segundos después, el brazo de Roque cayó flácido a un costado. Sus ojos se cerraron lentamente y dejó de moverse por completo.
—¡No! ¡Hermano, no te duermas! ¡Hermano!
Nelson buscó su teléfono presa del pánico, intentando marcar el número de emergencias.
¡Pero no había señal!
Lo único que pudo hacer fue seguir gritando el nombre de su hermano, sacudiéndolo para intentar despertarlo, hasta que se quedó completamente sin fuerzas.
No supo cuánto tiempo pasó. A Nelson le pareció que habían transcurrido siglos enteros cuando por fin escuchó movimiento arriba de ellos.
Abrió los ojos con debilidad y vio el destello de unas luces cegadoras, acompañadas por el eco de voces apresuradas.

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