Daniel dejó a las dos en el hospital. Erisa bajó con Inés.
—Voy contigo, no vaya a ser que te hagan pasar un mal rato otra vez.— Erisa ahora estaba muy preocupada por la salud de Inés.
Sabía lo cruel que podía llegar a ser Rosario.
Ahora que la abuela estaba mal, seguro que Rosario volvería a las andadas.
—Está bien.— Inés miró a Daniel.
—Yo no voy a subir. Me quedo en el estacionamiento, llámenme para lo que sea.—
Inés asintió. El tono de Aurelio en el teléfono había sido terrible, y si veía a Daniel, seguro se pondría furioso.
Mejor evitar problemas.
Inés y Erisa subieron al ala de habitaciones VIP y de inmediato vieron a Aurelio, de pie en el pasillo, hablando por teléfono.
Él las oyó llegar y las miró. Al ver a Inés, su rostro se llenó de hostilidad, pero luego su mirada pasó por encima de ella hasta Erisa y, al no ver a nadie más detrás, su expresión cambió sutilmente.
—La abuela no ha despertado.— Aurelio colgó el teléfono y se acercó a Inés para explicarle la situación. —Sufrió un infarto y le pusieron un stent. Está muy débil. Despertó un momento y se volvió a dormir.—
El corazón de Inés era una montaña rusa de emociones. Su voz mezclaba urgencia y enojo. —¿Cómo que un infarto? La abuela siempre se hace sus chequeos, y en los últimos dos años ha estado muy sana.—
Aurelio apretó los labios. Él tampoco lo sabía.
Se había quedado igual de sorprendido cuando Rosario lo llamó.
En los últimos años, la abuela se había cuidado mucho, consciente de la importancia de su salud.
No solo por ella, sino también por la familia Belmont. Si ella caía, quién sabe qué caos se desataría.
Inés entró en la habitación y vio a la abuela a lo lejos. Su rostro estaba pálido y parecía haber envejecido varios años.
Inés sintió una profunda tristeza. Erisa la abrazó para consolarla. —La abuela Belmont es una mujer fuerte y saldrá de esta. No te angusties. En la Clínica Privada Belmont la cuidarán bien. Iré a comprarte algo de comer, no has probado bocado.—
Inés asintió con los labios apretados. —Gracias.—
Erisa miró a Aurelio de reojo y se fue sin siquiera preguntarle si quería algo.
No le importaba.

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