241: Capítulo 241 durmiendo en el suelo
El punto de vista de Ivy
—Qué gracioso, pero no voy a dormir en el suelo. —Cogí la manta y las almohadas y me dirigí directamente a las literas.
Supuse que la doncella se reiría y confesaría que solo le estaba tomando el pelo a la chica nueva, pero saltó de la litera de arriba y se interpuso en mi camino.
—Este es mi territorio, así que aquí se juega con mis reglas. O te buscas otra habitación o te vas acostumbrando a dormir con los roedores.
Enarqué una ceja. —¿Hablas en serio? ¿Tienes idea de quién soy? Soy la...
Las palabras «Soy la Luna» casi se me escaparon antes de que cerrara la boca con tanta fuerza que mis dientes castañetearon. Maldita sea. No paraba de olvidar que ya no estaba en mi cuerpo original. Como acababa de conseguir este trabajo, que podría ser mi única oportunidad de volver a ver a mi hijo, no podía permitirme otro desastre como el que ocurrió con el Beta.
—¿Que eres qué exactamente? —la doncella ladeó la cabeza, y su fría mirada brillaba con una desagradable satisfacción—. ¿Crees que diriges este lugar ahora que la Luna ha desaparecido del mapa? ¿Crees que tu cara bonita te hace especial?
»Te equivocas. No eres nadie. Sean cuales sean las fantasías que tengas, el Alfa nunca te tocará. Así que mueve el culo al suelo.
Cada fibra de mi ser quería borrarle de un tortazo esa expresión de suficiencia de la cara. Si supiera la verdad sobre quién tenía delante.
La observé con atención, mientras afloraban recuerdos lejanos de una sirvienta que sisaba constantemente comida del frigorífico. Varios miembros del personal se me habían acercado con quejas sobre esa misma doncella.
Por aquel entonces, le resté importancia. Siempre había comida de sobra y les dije que cogieran otra cosa o que lo solucionaran ellos mismos. Al fin y al cabo, tenía preocupaciones mayores, como intentar ganarme a un marido que no quería saber nada de mí.
Qué idiota integral había sido. Tan consumida en mi propia miseria que no había abordado adecuadamente los problemas de la casa. Gestionar el personal doméstico era parte de las responsabilidades de una Luna, ¿y qué había conseguido yo?
¿Regodearme en la autocompasión mientras esperaba que Caleb se fijara en mí?
A q u e l l o s d í a s s e h a b í a n a c a b a d o . P u e d e q u e y a n o f u e r a l a L u n a , p e r o a ú n p o d í a e n c a r g a r m e d e l o s e m p l e a d o s p r o b l e m á t i c o s .


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