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Marcada o muerta La Luna que él nunca quiso romance Capítulo 289

289: Capítulo 289: Llevados a la victoria

El punto de vista de Ivy

—¡Beth! —Caí de rodillas a su lado. Mi corazón dio un vuelco al verle el tobillo. La articulación ya se estaba oscureciendo a un morado intenso, hinchada hasta quedar irreconocible—. Dime qué ha pasado.

—Alguien me ha empujado —sollozó, con las palabras entrecortadas por el hipo—. Vinieron por detrás. No les vi la cara.

Recorrí la zona con la mirada, buscando cualquier señal del culpable. Nada. Quienquiera que la hubiera atacado se había desvanecido como el humo.

—¿Puedes apoyarlo? —pregunté con delicadeza.

—Imposible. —A Beth le corrían las lágrimas por el rostro mientras negaba con la cabeza—. La competición empieza en unos minutos. Tengo que retirarme. Mi familia cuenta con esto y lo he arruinado todo.

—No vas a retirarte.

Abrió los ojos de par en par. —¿De qué estás hablando?

Me puse en pie y me quité la chaqueta. Las normas de la competición no especificaban que los participantes tuvieran que poder caminar, solo que tenían que competir. Un tecnicismo, pero uno que podía usar a mi favor.

—Ivy, ¿qué estás planeando? —Beth me observaba con creciente alarma mientras yo empezaba a anudar las mangas de la chaqueta.

—Preparando un arnés. —Tiré con fuerza de los nudos, probando su resistencia—. Vas a ir a caballito.

—Eso es una completa locura. No puedes cargar conmigo durante toda una partida de capturar la bandera.

—Tú solo mírame. —Me pasé el arnés improvisado por los hombros, ajustándolo hasta que lo sentí seguro en la espalda—. Es hora de ponerte en marcha.

Colocar a Beth en posición requirió paciencia y maniobras cuidadosas. Cada movimiento la hacía estremecerse de dolor, pero al final conseguí acomodarla en el arnés improvisado con su tobillo dañado a buen recaudo. Me rodeó el cuello con los brazos mientras me ponía en pie con cuidado.

Beth era pequeña y no pesaba mucho, lo cual ayudaba. Aun así, esto iba a ser brutal. Pero rendirse no era una opción.

—Ivy, esto es una auténtica locura…

—Quizá. —Empecé a caminar hacia el campo donde se estaba reuniendo nuestro equipo—. Pero tu familia necesita esta victoria, y me niego a que un cobarde sin agallas que ataca por la espalda destruya tus oportunidades.

Todos los ojos se volvieron hacia nosotras cuando salimos de detrás de la tienda de equipamiento. Varios concursantes se echaron a reír, señalándonos y haciéndose comentarios. La multitud bullía con susurros y miradas, pero mantuve la barbilla en alto y me uní a la formación de nuestro equipo.

En el lado contrario, vi a Vivienne rodeada de sus compañeras de equipo. Todas miraban en nuestra dirección, con las manos tapándose la boca mientras susurraban. La expresión de Vivienne era de pura satisfacción vengativa.

Pero la bandera estaba demasiado alta, y con el peso de Beth en mi espalda, saltar era imposible.

—Agárrala cuando dé la vuelta —jadeé mientras la concursante que nos perseguía lanzaba un manotazo. Esquivé su ataque y volví a girar hacia el poste de la bandera.

—Puedo alcanzarla desde aquí —anunció Beth, estirando el brazo a medida que nos acercábamos.

La otra competidora se acercaba rápidamente; sus pasos resonaban detrás de nosotras. Sentía las piernas como plomo, pero los vítores del público me empujaban hacia adelante. Esto iba más allá de solo ganar. Se trataba de demostrar que los Omegas tenían un lugar aquí, que merecíamos respeto.

—¡Ahora! —grité, posicionándome lo más cerca posible del poste.

Los dedos de Beth rozaron la bandera justo cuando nuestra perseguidora intentó agarrarnos de nuevo. Me aparté con un giro y, de repente, Beth aferraba la tela azul en su puño.

—¡La tengo! —gritó.

La sección Omega del público estalló en celebración. Sus vítores resonaron por todo el campo, ahogando los gritos de sorpresa del otro equipo.

Pero aún no habíamos terminado. Quedaban cuatro banderas más, y ya podía ver a otras competidoras convergiendo en nuestra posición. Me dolían los hombros de cargar a Beth, el sudor me escocía en los ojos y mi respiración era entrecortada.

Nada de eso importaba. Habíamos demostrado algo hoy, y no iba a parar hasta que sonara la bocina final.

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