Ella no sabía en qué estado se encontraba Pedro. Al menos necesitaba verlo.
Pero Esteban se le adelantó, cargando a Pedro en brazos.
—Papá te llevará al hospital.
—Esteban, ayúdame, por favor... —Al ver a Esteban, Bianca sintió que veía a su salvador—. ¡Esta loca quería matarme!
Esteban se detuvo un instante con Pedro en brazos, la miró de reojo y soltó con frialdad:
—Tú te lo buscaste.
No podía culpar a nadie más. Tras decir eso, Esteban salió de allí con Pedro, ignorando por completo los gritos y llantos de Bianca.
Al final, uno de los policías, incapaz de seguir viendo la escena, desató a Bianca. Sin embargo, como era tanto víctima como parte involucrada, la llevaron a la delegación para rendir su declaración.
Fiona y Samuel siguieron el coche de Esteban hasta urgencias.
Ingresaron a Pedro de inmediato. Fiona y Samuel esperaron junto a Esteban fuera de la sala.
—¡Esteban, todo esto pasó porque dejaste entrar al enemigo a tu casa! —Fiona tenía los ojos rojos de la angustia—. ¡Te lo advierto, si a Pedro le pasa algo grave, no te lo voy a perdonar!
Aunque Pedro había hecho cosas que la lastimaron influenciado por Bianca, seguía siendo su hijo, el niño que llevó en su vientre. El lazo de sangre seguía ahí. Y ahora, con su vida en peligro, ¿cómo podía estar tranquila?
Esteban, ya insensible a los insultos, tenía la mirada vacía.


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