Tenía mucho miedo.
Papá había cambiado, ya no era como antes; se había vuelto alguien a quien casi no reconocía.
—¿Qué pasa, Pedro? —Fiona estaba desconcertada por su reacción—. Es tu papá. Si dices eso, se va a poner triste.
No entendía cómo un niño que estaba bien se había vuelto tan miedoso de repente.
Al pensar en eso, levantó la vista y no pudo evitar preguntar:
—Esteban, ¿qué le hiciste a Pedro? ¿Por qué se puso así de repente?
—¿Qué le voy a hacer? —respondió Esteban, ocultando la frialdad en sus ojos y hablando con calma—. También es mi hijo.
No le haría nada a su propio hijo.
Samuel soltó una risa burlona.
—Todo el mundo sabe que es tu hijo, pero que un niño normal se vuelva tan miedoso y tiemble al verte... ¿no crees que eso te convierte en un fracaso como padre?
Lo había visto claramente hace un momento.
En cuanto Pedro vio que Esteban venía por él, su cuerpo tembló de miedo. Eso no era normal.
Fiona pensaba lo mismo e instintivamente tomó a Pedro del brazo.
Pero apenas su mano tocó el brazo del niño, Pedro soltó un gemido de dolor.
—¡Ay...!
—¿Qué pasó?
Fiona intentó arremangarle la chamarra a Pedro para ver qué tenía, pero Esteban jaló al niño al instante, apartándolo de ella.
Su voz sonó gélida:
—Es mi hijo, no necesitas preocuparte.
—Pedro, todavía tenemos tarea que terminar. Vámonos a casa.
Dicho esto, arrastró a Pedro hacia la puerta.
—¡Espera!
Fiona, siempre observadora, le bloqueó el paso.
—Déjame revisar a Pedro primero, ¿qué es lo que tiene?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera