Si iba, le aterraba la idea de volver a caer en la misma pesadilla de la noche anterior.
—Claro que tienes que ir, pero solo bajo la supervisión y cooperación de la policía —dijo Samuel con un tono calmado, como si ya lo hubiera previsto todo—: Fiona, ¿grabaste la llamada?
—Sí, la acabo de grabar.
Fiona sacó el celular, buscó el archivo y se lo reprodujo.
—Envíame el audio. Voy a contactar al agente Páez para ver cómo procedemos.
Samuel se apartó para hacer la llamada. Regresó unos minutos después.
—El agente Páez dice que vayamos. Él organizará un equipo de policías vestidos de civil para protegernos en secreto.
—¿Crees que funcione? —Fiona seguía preocupada.
No es que desconfiara de la policía, desconfiaba de Esteban. Ese hombre era un lunático. No sabía si la citaba realmente por el niño o por alguna otra razón retorcida. Si se le ocurría hacer otra locura, quizás ella había tenido suerte de escapar una vez, ¿pero dos?
—Confía en mí, saldrá bien —Samuel la consoló con infinita ternura—: Fiona, esta será la última vez que tengas que arriesgarte. Esteban quiere jugar su última carta usando al niño para obligarte a salir, así que nosotros le seguiremos el juego. En cuanto caiga, Esteban pasará unos buenos años en la cárcel. Yo me encargaré de mover mis contactos para que no salga.
Tal como Esteban hizo con Fiona en el pasado, enviándola a prisión. Samuel le pagaría con la misma moneda. Dejaría que Esteban probara lo que se siente ser encerrado injustamente y recibir las "bienvenidas" que dan los reclusos.
—¿Seguirle el juego? —Fiona guardó silencio un momento—. Parece un buen plan. Él cree que tiene el control, pero lo tomaremos por sorpresa con la policía.
—Exacto. Mañana, cuando vayas, lleva esto contigo.
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