De pronto sintió una envidia inmensa hacia su tío.
Envidaba que él pudiera tener a Fiona a la luz del día, mientras él tenía que esconderse como una rata en la alcantarilla, condenado a la oscuridad.
—Vine hoy solo para decirte que, por el abuso de la tutela anterior y por haber secuestrado a Fiona, el tribunal ya recibió mi demanda. El juicio será el próximo mes.
Esteban sintió que realmente estaba acabado.
Si llegaban a los tribunales, no tendría ninguna salida.
Tras decir esto, Samuel dio media vuelta para irse, pero al ver al abogado, se detuvo y le hizo una seña.
—Licenciado Pedro, venga un momento.
El abogado se acercó de inmediato.
—¿Qué sucede, señor Flores?
—Hable con los guardias. A partir de mañana, quiero que le den una "calentadita" diferente a Esteban todos los días. Que le den una paliza diaria. Si falta un solo día, usted será el responsable.
El licenciado Pedro abrió los ojos desmesuradamente, incrédulo.
—Señor Flores, ¡es su propio sobrino! Si hace esto y él se entera, podría afectar la relación familiar entre ustedes.
¿Relación familiar?
Esas palabras no deberían existir entre él y Esteban.
—Hace mucho que no existe ninguna relación entre nosotros.
La mirada de Samuel era gélida, y las palabras salían de sus labios como si estuvieran cubiertas de escarcha.
—Quiero que sepa lo que es sufrir una paliza en la cárcel. Dígale eso a los guardias, ellos entenderán.
—Sí, me encargaré de eso ahora mismo.

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