—¿Y crees que eso servirá de algo? —preguntó Ofelia con curiosidad.
—Es mejor que no hacer nada. Además, un poco de controversia no viene mal.
Fiona le puso un poco de verdura en el plato a Ofelia.
—¿A qué te refieres? —Ofelia fruncía el ceño cada vez más.
—La controversia genera curiosidad. Y los curiosos vendrán a ver qué pasa, y de paso, a consultar.
—Visto así, tienes razón.
Fiona sonrió levemente.
—Mañana, después de pegar la carta, veremos qué pasa.
—De acuerdo —asintió Ofelia.
Después de bañar a Silvia, Fiona le contó un cuento antes de dormir. Ya eran más de las nueve de la noche.
-Ding-
Un mensaje apareció en la pantalla de su celular. Al ver el nombre del remitente, frunció el ceño. Era de Samuel.
Deslizó el dedo para abrirlo.
[Sal a la puerta, tengo algo para ti.]
Instintivamente, Fiona miró hacia la entrada principal y sintió que el corazón se le detenía por un instante. Impulsada por la curiosidad, se dirigió a la puerta.
Al abrir, vio el Maybach de Samuel estacionado justo enfrente. El motor estaba encendido. Él, desde el asiento del conductor, la miraba a través de la ventanilla del copiloto, que estaba abierta. Sus miradas se encontraron.
Fiona se acercó al carro y él le dijo:

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