Un par de pasos familiares resonaron en la puerta de la habitación de Samuel. Su mirada se desvió instintivamente en esa dirección. Segundos después, la voz de Bianca se escuchó en la puerta de la habitación de Fiona.
—Esteban, ya llegamos a tu cuarto, intenta despejarte un poco...
El corazón de Fiona dio un vuelco. ¿Bianca había traído a Esteban de vuelta? ¿Sería por la presencia del niño que no se atrevían a hacer nada?
—¿Quieres que te eche una mano?
La voz de Samuel interrumpió sus pensamientos. Fiona volvió a mirarlo y en sus ojos fríos vio un destello de una audacia que nunca antes había percibido.
—¿A qué te refieres? —preguntó, confundida.
—Ese divorcio se está alargando demasiado, ya no lo soporto —las manos de Samuel, que aún estaban en su nuca, se deslizaron hasta su rostro—. ¿Qué tal si les doy un empujoncito?
El corazón de Fiona se detuvo por un instante y luego comenzó a latir con una fuerza desmedida, una oleada de inquietud la invadió.
Unos golpes sonaron en la puerta, seguidos por la voz de Bianca.
—Señorita Santana, ¿está ahí? ¡Por favor, ayude a Esteban a entrar!
En ese preciso momento, los labios de Samuel se posaron sobre los de Fiona. Su mente se quedó en blanco. Sus ojos se abrieron como platos, llenos de asombro e incredulidad. Samuel... ¡la estaba besando por iniciativa propia!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera