Mirella se giró y fulminó a Thiago con la mirada.
—Si no quieres, entonces tendré que llamar a la policía —dijo Fiona, dejando el megáfono—. Este asunto ha sido muy grave y ha dañado mucho la reputación de mi clínica. Necesito una reparación, ¿no crees?
—¿Quién dijo que no quiero? ¿He dicho yo que no quiero? —replicó Mirella, furiosa.
—En ese caso... —asintió Fiona, pensativa—. Thiago, graba su disculpa. Yo voy a cambiarme.
—De acuerdo.
Thiago tomó el megáfono con entusiasmo, mientras Fiona se iba. Desde el vestidor, oyó la voz de Thiago.
—¿Podemos empezar?
—¡Rápido! No perdamos el tiempo...
Tras la primera grabación, Thiago la interrumpió.
—¡Habla más alto! Con ese volumen, parece el piar de un pájaro. ¿Quién te va a oír?
—¡Cállate! ¡No me distraigas!
—¡Pues habla más alto! ¿Podemos hacerlo bien de una vez? No nos hagas perder el tiempo...
—¡Maldita sea! ¡Si no te callas te arranco la lengua!
—Lo siento, pero mi lengua es bastante dura. Te costaría un poco.
...
—Señor Flores, ¿por qué tardan tanto? ¿Habrá pasado algo? —preguntó Abraham, nervioso, mirando al hombre en el asiento trasero.
El rostro de Samuel permanecía impasible. Sostenía un cigarrillo entre los dedos, y el humo se arremolinaba a su alrededor mientras su mirada seguía fija en la puerta de la clínica.
—Tranquilo, esperemos un poco más.
Apenas terminó de hablar, la puerta se abrió. Abraham se giró rápidamente. Thiago empujaba a Mirella hacia afuera. Llevaba un megáfono en la mano y su rostro reflejaba una furia contenida.
—¿Qué está pasando? —preguntó Abraham, confundido.
Samuel, al ver la familiar silueta de Fiona, detuvo por un instante la mano que sostenía el cigarrillo.
—¡Atención, atención! ¡No se lo pierdan! La responsable del sabotaje a nuestra clínica ha venido hoy a disculparse públicamente con nosotros y con todos nuestros pacientes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera