Al recibir la orden, ambos se apresuraron a incorporarlo.
Justo en ese momento, Samuel abrió la puerta.
Fiona, completamente concentrada, no desvió la mirada. Se colocó detrás del abuelo Flores y, tras localizar los puntos de acupuntura, insertó otra aguja.
Al segundo siguiente, el abuelo tosió levemente.
Un hilo de sangre brotó de sus labios.
La escena fue presenciada no solo por Samuel, sino también por Esteban y Bianca, quienes acababan de llegar.
La tensión se apoderó de todos, excepto de Fiona, que permaneció impasible y continuó con su trabajo.
—¿Por qué está escupiendo sangre? ¿Qué está pasando?
Gisela, aterrada, dio un respingo y apretó con más fuerza la mano del abuelo Flores.
—¡Tío! ¡Te dije que no era buena idea! ¡Insististe en que tratara al abuelo y ahora está escupiendo sangre!
Esteban irrumpió en la habitación, con el rostro desencajado por la preocupación.
—En la condición del abuelo Flores, la acupuntura es realmente la única opción —intervino de repente el especialista—. Aunque no soy un experto en medicina tradicional, he tomado algunos cursos. Probablemente tenía sangre estancada en el pecho, lo que le causaba dificultad para respirar. Escupirla es, en realidad, una señal de mejoría…
Al escuchar la explicación del médico, todos se tranquilizaron un poco.
Esteban, sin embargo, seguía con el ceño fruncido.
—Y si se tratara con medicina occidental, ¿cuál sería el procedimiento?
—Probablemente… —el especialista adoptó un gesto grave—, la única opción sería la cirugía. Pero el abuelo Flores es muy mayor, no es seguro que pudiera soportarla. La medicina tradicional es, sin duda, la mejor alternativa, pero se necesita un profesional de un nivel excepcional para poder salvar la situación.
En otras palabras, la habilidad de Fiona era extraordinaria.
Al oír las palabras del especialista, los rostros de Bianca y Esteban se tornaron lívidos.
Samuel, que había permanecido en silencio, habló de repente:

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