Los pasos de Fiona se detuvieron. Se giró para mirar a Thiago, y una sonrisa divertida se dibujó en sus labios.
—¿Para qué la buscas?
Cuando Thiago se encontró con la mirada de Fiona, sus ojos se desviaron con nerviosismo. Al verlo, Fiona lo entendió todo al instante.
Así que de eso se trataba… ¿eh?
Thiago tragó saliva, visiblemente nervioso.
—¡No, por nada! Es solo que hace mucho que no la veo y me preguntaba qué era de ella, nada más.
Fiona asintió, pensativa.
—Ah, solo preguntabas…
Thiago, al sentir la mirada de Fiona sobre él, bajó la vista.
—Disculpe, doctor, me duele un poco la pierna, ¿podría echarme un vistazo? —dijo un paciente que acababa de entrar, interrumpiendo la conversación.
—Claro, déjeme ver.
Thiago rodeó el mostrador y se dirigió hacia la entrada. Fiona no le quitó los ojos de encima, y al ver su nerviosismo, no pudo evitar pensar que era adorable. Nunca se habría imaginado una situación así. Dicen que los que se pelean se desean, y quizás, solo quizás, entre ellos había una chispa de esperanza.
Al mediodía, Fiona recibió una llamada de Samuel, pero no a su número principal, sino al secundario. Eso significaba que no la buscaba a ella, sino a ‘Fina’. El problema era que Samuel no sabía que ella era ‘Fina’. Si contestaba, su identidad quedaría al descubierto, y todavía no quería que él supiera tanto.
Después de pensarlo un momento, colgó y le envió un mensaje.
[Señor Flores, mi garganta aún no se recupera. Si necesita algo, por favor, dígamelo por mensaje.]
Ding.

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