—Hoy es la cena familiar, seguro que Samu también vendrá. Quédate a cenar con nosotros. Esteban te lo habrá dicho, ¿verdad? —preguntó el abuelo Flores, mirándola con curiosidad.
La mano de Fiona, que sostenía el maletín, se detuvo. Esteban no le había mencionado nada. Si no fuera porque Bianca se lo había dicho abajo, no se habría enterado. Para no preocupar al abuelo, mintió:
—Sí, me lo dijo.
—Perfecto, entonces quédate a cenar.
Ante tal insistencia, no pudo negarse.
—De acuerdo.
Fiona pensaba esperar en el salón, pero al llegar al segundo piso, la puerta de la habitación de Samuel se abrió desde dentro. Antes de que pudiera ver quién era, una mano grande y fuerte la agarró por la muñeca y la arrastró al interior.
—¿Qué haces? Suélta...
No pudo terminar la frase. Le taparon la boca con fuerza y la empujaron contra la puerta. Al levantar la vista y reconocer a la persona que tenía delante, sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa.
Samuel retiró la mano de su boca y la llevó hasta el sofá.
—¿Samuel? —dijo Fiona, mirándolo con curiosidad—. ¿Cuándo has llegado?
—Un poco después que tú, supongo.
Samuel la hizo sentarse en el sofá y la miró con una intensidad que la incomodó, erizándole la piel. Instintivamente, se apartó un poco.
—¿Por qué me miras así?
—Ayer me colgaste el teléfono y no respondiste a mi mensaje —Samuel le volvió a sujetar la muñeca, su voz cargada de una amenaza palpable—. ¿Se puede saber qué significa? ¿En qué te he ofendido ahora?
Fiona frunció el ceño.
—Suéltame.
—¿Qué pretendes?
Los penetrantes ojos de Samuel la miraban fijamente.
—¿Tú qué crees? —su tono era una mezcla de frialdad y despreocupación que, sin embargo, la puso inexplicablemente nerviosa.
Al segundo siguiente, se abalanzó sobre ella y la besó en los labios. Fue un beso feroz y urgente, que durante varios segundos la dejó casi sin aliento. Tenía un claro matiz de castigo.
Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta.
—Tío, la cena está lista.
El corazón de Fiona dio un vuelco. ¡Era Esteban!
Instintivamente, puso las manos en el pecho de Samuel, intentando apartarlo.

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