Pero ya no le importaba. Solo quería saber la verdad lo antes posible para poder solucionar el problema en la escuela.
—¡Fiona! —Esteban la miró con el ceño fruncido—. ¿No puedes ser un poco más…?
—No te preocupes, sobrino —intervino Samuel desde el otro lado—. Habla primero con la señorita Santana. Nosotros podemos continuar después.
Dicho esto, el hombre hizo ademán de levantarse.
Pero Esteban se le adelantó.
—Tío, espérame un momento aquí. Voy a hablar con ella en la sala de juntas y vuelvo enseguida.
Se levantó rápidamente, se acercó a Fiona, la tomó del brazo con su mano de dedos largos y la condujo hacia la puerta.
Antes de que Fiona pudiera reaccionar, ya la había sacado de la oficina.
Samuel, sentado en el sofá, no apartó la vista de ellos mientras se alejaban. Apretó los puños que descansaban a sus costados.
La dureza en su mirada se intensificó.
«Ya están divorciados, ¿qué asunto podría tener Fiona con él?».
«Y además, parecía tan urgente…».
Abraham Reyes, que estaba de pie a un lado, tampoco entendía nada.
***
En la sala de juntas.
Esteban cerró la puerta de un portazo y empujó a Fiona hacia una de las sillas.
Sacó un cigarro y se lo llevó a los labios.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera