Caminó con el celular en la mano hacia la sala de descanso.
Apenas contestó, una voz familiar sonó al otro lado.
—Cielo, ¿recibiste todo?
*Cielo*.
En el instante en que esas palabras llegaron a sus oídos, la mano con la que sostenía el celular se apretó involuntariamente.
Fiona tardó unos segundos en calmarse antes de responder en voz baja.
—¿Por qué me mandaste tantos regalos de repente?
Samuel soltó una risa grave.
—¿No dijiste que tu exmarido era muy codo contigo? Ahora que estás conmigo, no permitiré que te falte nada. Voy a compensarte por todo lo que no tuviste.
Fiona se acercó a la ventana, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente.
Dijo sin rodeos:
—¿Cuándo dije que estaba contigo? No andes diciendo cosas que no son.
—Y ahora mismo, ¿qué diferencia hay con que estés conmigo?
La risa de Samuel se volvió aún más despreocupada.
El corazón de Fiona comenzó a latir desbocado, y le costó mucho calmarse.
—¿Te gustó lo que te mandé? No sabía si serían de tu estilo, así que elegí regalos de todo tipo…
Mientras escuchaba la voz tierna del hombre, el corazón de Fiona se fue hundiendo lentamente.
La vez anterior le había regalado un carro y todavía no terminaba de pagarle el dinero, y ahora le enviaba tantos regalos caros. Por un momento, no supo qué responder.
—¿Por qué no dices nada? ¿No te gustaron?
La voz de Samuel sonó un poco extrañada al otro lado de la línea.
Fiona lo pensó un instante y finalmente respondió:



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