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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 417

Lo que no esperaba es que él viniera a buscarla.

Después de todo, no tenía el contacto de Ofelia ni sabía que ella vivía en Residencial San Jerónimo.

—Fiona, cuánto tiempo sin verte.

Al verla llegar, Raimundo se levantó rápidamente de la silla de espera y se acercó a ella con paso ligero.

Fiona salió de sus pensamientos, lo miró y una ternura inevitable apareció en sus ojos.

Llevaba un traje blanco y una pulsera de cuentas de sándalo en la muñeca, lo que acentuaba su aura ya de por sí refinada, dándole el aspecto de un perfecto caballero de buena familia.

Cada sonrisa, cada gesto, escondía una gentileza infinita.

Después de tantos años, al volver a verlo, todavía sentía un afecto especial.

—Rai, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo me encontraste? Creo que nunca te dije que había salido de la cárcel…

—Claro que no. Saliste hace tanto y no me dijiste nada, ¡qué decepción! —dijo Raimundo con una pizca de tristeza en la mirada—. Si no hubiera visto tu cuenta en redes sociales, ni me habría enterado de que ya estabas libre.

—¿Mi cuenta en redes sociales? ¿Te refieres a la cuenta de videos de «Fina»?

Aunque no había subido videos últimamente, sus seguidores eran muy leales. No solo no había perdido seguidores, sino que había ganado bastantes más.

Hasta la fecha, ya había superado el medio millón.

—¡Sí! Esa cuenta es tuya, ¿verdad? —Raimundo sacó rápidamente su celular y se lo mostró—. Vi que el nombre es el mismo que usas para tus encargos, y tus manos se parecen mucho, así que supuse que habías salido. Empecé a preguntar por todas partes y me enteré de que habías abierto esta clínica.

—Sí, es mi cuenta. La abrí después de salir de la cárcel, cuando empecé a tomar encargos.

Raimundo guardó el celular y le levantó el pulgar.

—No por nada eres mi Fiona, sigues siendo igual de increíble.

Parecían conocerse bien, no como si fuera la primera vez que se veían.

Lo que sí era seguro es que no era un paciente.

—Señor Flores, ¿esa no es la señorita Santana? ¿Quién es el hombre que va con ella? Ya se fueron en el carro, ¿los seguimos?

Abraham, sentado en el asiento del conductor, se giró rápidamente para mirar al hombre en el asiento trasero, con una expresión de sorpresa.

La mirada de Samuel seguía fija en la dirección en la que se habían ido.

Le dio una calada al cigarro que acababa de encender y luego lo arrojó al suelo.

Respondió con voz grave:

—Síguelos.

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