El proceso de arrastrar la cama produjo un ruido estrepitoso.
Fiona le hizo un gesto apurado:
—Samuel, ¿estás loco? Ponerte a mover la cama a mitad de la noche… ¡Vas a despertar a los de abajo!
—No pasa nada. Si suben a quejarse, les explico que la mujer que amo tenía un antojo especial de dormir conmigo esta noche. Seguro que lo entienden; al fin y al cabo, ellos también tienen a sus amores.
Fiona lo escuchó soltar esas barbaridades con cara seria y no supo si reír o llorar.
Este hombre de verdad tenía un repertorio inagotable…
Quizá fue porque lo tenía a su lado, pero esa noche Fiona durmió con una tranquilidad inusual.
***
Al día siguiente, por la mañana.
Samuel se encargó personalmente de los trámites del alta y la llevó de regreso al Residencial San Jerónimo. Le insistió en que descansara en casa todo el día y que volviera al hotel hasta mañana.
Pero Ofelia se había ido a la televisora y Silvia a la escuela. Además, últimamente no tenía ningún encargo de antigüedades que reparar y no soportaba el aburrimiento, así que tomó el carro y se fue al consultorio.
Por la tarde, una mujer de unos treinta y tantos años, vestida con un vestido verde, llegó al consultorio con una niña de unos cinco años.
La niña llevaba el pelo en dos coletas y un overol. Se veía muy frágil, sin la vitalidad propia de su edad.
Fiona la observó con atención y notó que el color de su piel no era normal.
Parecía una niña gravemente enferma…
—¿La niña ha tenido alguna molestia últimamente? Su color no se ve nada bien…
Fiona frunció el ceño instintivamente, con una creciente preocupación en la mirada.
—Es que no duerme bien, tiene muchas pesadillas. Lleva medio mes sin poder dormir como se debe. Ya la llevamos con todos los doctores de por aquí, pero ninguno nos ha dado un tratamiento que funcione. Sigue sin dormir en toda la noche. Supongo que su mal color tiene que ver con el insomnio.
El rostro de la mujer del vestido verde se ensombreció, lleno de resignación.
—Tranquila, no se apure todavía. Pídale a la niña que me dé su mano para tomarle el pulso.

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