En ese momento, en la oficina del presidente del Grupo Vizcaya Continental.
Samuel estaba revisando el contrato de un proyecto cuando Silvia le llamó.
Por la tarde le había marcado a Fiona, pero no le contestó. Que Silvia le llamara justo ahora significaba que algo había pasado.
—Padrino, escuché que el consultorio de Fiona tuvo un problema. ¿Tú sabías algo?
Al escuchar a la niña, Samuel frunció el ceño.
¿El consultorio de Fiona tuvo un problema?
Con razón no le había contestado el teléfono.
—No me dijo nada. A ver, Silvia, cuéntale a tu padrino, ¿qué pasó en el consultorio?
Tras la suave voz de Samuel, Silvia comenzó a relatar desde el otro lado de la línea:
—Pues, lo que pasó fue que…
El hombre escuchó atentamente su explicación, y una frialdad cada vez más intensa se apoderó de su mirada.
Había ocurrido algo tan grave y Fiona no se lo había dicho. Thiago tampoco.
—Ofelia dice que a las ocho de la noche todo va a salir en las noticias. Padrino, ¿puedes ayudar a Fiona? Tú eres muy poderoso, seguro que puedes ayudarla, ¿verdad?
La voz infantil de la niña sonaba especialmente angustiada.
Samuel sintió que se le derretía el corazón.
Respondió con voz suave:
—No te preocupes, Silvia, haré todo lo que pueda para ayudar.
—Entonces, padrino, tienes que guardarme el secreto, ¿sí? No le digas que yo te conté.
Al oír a la niña, Samuel no pudo evitar sonreír.
Era una pequeña astuta.
A su corta edad, era tan madura que conmovía.
Sin duda alguna, Fiona la había educado muy bien. Ya había aprendido a proteger a Fiona a su manera.
Sabía que a Fiona le costaba pedir ayuda, así que buscaba refuerzos por fuera.
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