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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 483

Samuel bajó rápidamente del carro, y apenas abrió la puerta, escuchó los comentarios de mucha gente al borde del puente.

—¡Dios mío! Quién sabe si estará muerto, lleva un rato que cayó.

—Dicen que al carro le fallaron los frenos, y para esquivar al de enfrente chocó contra el barandal y cayó.

—Qué tragedia. Se veía tan joven y guapo, si muere sería una lástima.

—Esa mujer que bajó corriendo, ¿será su novia?

...

Los comentarios incesantes llegaron a los oídos de Samuel, haciéndole querer saber la verdad lo antes posible.

Sus pasos también se aceleraron.

Cuando llegó al borde del barandal, miró hacia abajo instintivamente.

Realmente no esperaba que fuera Raimundo.

—¡Cielo santo! ¿Es el señor Menchaca?

La voz sorprendida de Abraham llegó a los oídos de Samuel.

Samuel caminó rápido hacia adelante buscando la bajada, y Abraham, tras reponerse, lo siguió apresuradamente.

En ese momento, bajo el puente.

Cuando Fiona llegó abajo, los dos jóvenes ya habían sacado a Raimundo a la orilla.

Fiona corrió hacia él para revisar su estado.

Era invierno y el agua del río estaba helada; Raimundo estaba empapado, su rostro extremadamente pálido, se veía en muy mal estado.

Fiona se arrodilló a su lado, tratando de mantener la calma, y extendió el dedo índice para buscar su respiración y pulso.

Al percibir que aún tenía una respiración débil, se encendió una chispa de esperanza en su corazón.

Se colocó rápidamente sobre él para realizarle los primeros auxilios.

El ambiente en el lugar era deprimente al extremo.

Samuel también había llegado a la orilla y, al ver la escena del rescate, sus ojos se oscurecieron por completo.

Se detuvo de repente, sin seguir avanzando.

La mano de ella aún tenía la venda, la herida apenas debía haber cerrado; al presionar así, seguramente volvería a sangrar.

Raimundo era un hombre tan bueno, merecía un gran futuro.

Aún no se casaba, no tenía hijos, no había encontrado a la chica que lo amara con locura, ¿cómo podía irse así?

Fiona lloraba mientras le daba reanimación.

—Señorita, mejor déjelo, ya no tiene caso.

—Con esa palidez, seguro ya murió.

—Sí, ríndase, no lo salve.

...

Voces de lástima llegaban a sus oídos sin cesar.

No solo Fiona las escuchaba, Samuel también las oía todas.

Justo cuando él pensaba dar un paso para acercarse, se escuchó una tos violenta desde allá.

***

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