Por la noche, en un restaurante de alta cocina con estrellas Michelin.
Fiona se sentó frente a Raimundo y levantó la cabeza para mirarlo:
—No esperaba que me trajeras a un restaurante Michelin...
—Parece que nunca hemos comido juntos en un Michelin, así que quería venir contigo una vez. —Raimundo le cortó el filete con atención y lo puso frente a ella—: Listo, Fiona.
—Gracias.
Fiona se sintió repentinamente halagada y sonrió levemente.
La última persona que le cortó la carne fue Samuel.
Al recordar a ese hombre, incluso los latidos de su corazón se aceleraron un poco sin querer.
Cada vez que dejaban de hablarse, parecía que se ponían de acuerdo, ninguno quería acercarse primero.
En realidad, ella sabía muy bien que él seguramente estaba enojado.
No por haber salvado a Raimundo, sino por ese beso...
No sabía cómo enfrentarlo, por eso no había hecho esa llamada.
—Fiona, Fiona...
En ese momento, una voz muy suave interrumpió sus pensamientos.
Fiona reaccionó, levantó la vista y miró al hombre de enfrente.
Raimundo la miraba con duda:
—¿Por qué te quedaste ida de repente? ¿En qué piensas?
—Nada. —Sacudió la cabeza inconscientemente—: No pienso en nada.


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