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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 492

La mirada de Samuel se volvió aún más gélida.

—De hecho, estamos...

Daniela no pudo terminar la frase, pues el hombre a su lado la interrumpió tajantemente:

—Si no sabes, mejor no hables.

Acto seguido, se dio la vuelta rápidamente y se alejó a grandes zancadas.

Esteban giró la cabeza para ver la espalda del hombre alejándose, y sintió una extraña sensación de pesadumbre.

¿Por qué sus versiones no coincidían?

Esteban volvió la vista rápidamente y la fijó en Daniela.

—Señorita Pérez, ¿ya es pareja de mi tío?

Daniela se quedó pasmada un momento tras escuchar la pregunta.

No esperaba que le soltara eso tan de repente.

Ella tampoco podía estar completamente segura de si la mujer al lado de Samuel era Fiona.

Incluso si fuera Fiona, ella aún no tenía el acta de divorcio, así que seguramente no estaban juntos formalmente. Si en este momento podía sembrar discordia entre ellos, sería una situación ventajosa.

—Podría decirse que sí —soltó Daniela sin dudarlo, alzando un poco la voz.

Esteban se sintió confundido al escucharla.

¿Podría decirse que sí?

¿Qué significaba eso?

O están juntos o no lo están.

Eso de "podría decirse" era la primera vez que lo escuchaba.

—Voy a buscarlo.

—Está bien.

Esteban observó cómo se alejaba, y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

«¿Acaso...? ¿La familia pronto tendrá un nuevo integrante?».

Cuando Daniela regresó al privado, Samuel ya no estaba ahí; solo quedaba Israel bebiendo solo, con aire melancólico.

—¿Y Samu? —preguntó ella, levantando la vista hacia el hombre frente a ella con curiosidad.

—Ya se fue hace rato... —Israel levantó el vaso de la mesa y se lo bebió de un trago.

Daniela lo miró incrédula.

—¿Se fue?

—Sí. —Israel extendió la mano de repente y la tomó de la muñeca—. ¿Por qué no nos tomamos algo juntos?

Samuel estaba sentado frente a su enorme escritorio, con la mirada perdida en la pantalla de la computadora.

Era el quinto día sin contacto con Fiona.

En ese momento, sonaron unos golpes en la puerta.

—Adelante.

Apenas cayó la voz, la puerta se abrió desde afuera.

Lucas entró caminando con paso firme y llamó suavemente:

—Señor Flores.

—En estos últimos tres días, ¿Raimundo y Fiona se han visto?

El hombre movió la mirada hacia el rostro de Lucas, con un tono que ocultaba una frialdad cortante.

Lucas dudó un instante, pero terminó hablando:

—Se ven todos los días. Raimundo incluso llevó a la señorita Santana a la casa de los Menchaca...

Al escuchar esto, el rostro del hombre se tiñó de incredulidad.

—¿A qué fue ahí?

***

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