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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 502

Aunque ya sabía la verdad, al escuchar esa confesión, su corazón tembló.

Raimundo, frente a ella, la miraba con expectación, como si esperara una respuesta positiva.

—Acaba de recibir su acta de divorcio, ¿cómo podría aceptarte?

Antes de que Fiona pudiera responder, una voz familiar se le adelantó.

Al escuchar esa voz, su espalda se puso rígida al instante.

Giró la cabeza rápidamente hacia un lado.

Un hombre con un largo abrigo negro sostenía un paraguas negro, de pie en la nieve del camino. Su rostro mostraba una expresión gélida y la presión que emanaba era extremadamente baja.

Cuando su mirada se posó en ese rostro apuesto, los ojos de Fiona no pudieron evitar enrojecerse.

Samuel...

—¿Señor Flores? ¿Qué hace aquí?

Raimundo centró su atención en el hombre, sin notar que los ojos de la mujer frente a él ya estaban rojos.

—Acabo de regresar de mi viaje de negocios, extrañaba a la niña, así que vine a verla.

Samuel detuvo sus pasos frente a Raimundo, miró las flores en su mano y dijo con tono indiferente: —Señor Menchaca, no coma ansias. Dele a la señorita Santana un poco de tiempo para recuperarse, las prisas no son buenas consejeras.

Fiona se dio la vuelta rápidamente para limpiarse las lágrimas que estaban a punto de caer.

Apenas se secó las lágrimas, vio a Ofelia bajar del auto con Silvia Ríos.

—¿Padrino?

Un grito infantil llegó instantáneamente a los oídos de todos.

Ambos hombres levantaron la vista al escuchar el sonido y vieron a Silvia soltarse de la mano de Ofelia y correr rápidamente hacia ellos.

Fiona se calmó un poco, se dio la vuelta y fijó su mirada en Raimundo: —Rai, hablemos de lo nuestro otro día. Déjame tranquila un momento...

Raimundo levantó la vista y, naturalmente, vio el enrojecimiento en el fondo de sus ojos.

Samuel frunció el ceño, dándose cuenta poco a poco...

Ofelia explicó: —Fiona no lograba comunicarse contigo, así que preguntó en la recepción de tu empresa. Le dijeron que regresabas ayer. Ayer solo había un vuelo de Estados Unidos a Santa Matilde, y ese avión se estrelló ayer en las afueras de la ciudad, sin dejar sobrevivientes...

Al escuchar la explicación de Ofelia, las pestañas de Samuel temblaron repentinamente.

Fijó su mirada en Fiona.

Ella nunca se volvió para mirarlo, sus hombros temblaban continuamente y, finalmente, se giró sin dudarlo y caminó hacia la puerta del jardín.

—Fiona...

Samuel intentó seguirla, pero Ofelia le bloqueó el paso: —Señor Flores, ya que usted está bien, deje que ella se calme un poco. Estuvo toda la noche en el lugar del accidente, esperó seis horas, pescó un resfriado y no ha dormido en toda la noche...

El corazón del hombre se llenó de sentimientos encontrados.

No esperaba que las cosas hubieran llegado a este punto.

Dio grandes zancadas y entró sin dudarlo.

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