Fiona sintió un ligero temblor en las pestañas al escucharlo.
No esperaba para nada esa respuesta.
Samuel bajó la mirada hacia sus ojos:
—Te amo a ti, a tu persona. No quiero forzar lo imposible. Me costó mucho llegar hasta aquí contigo y no voy a dejar que te arriesgues fácilmente. Así que no te preocupes tanto, ¿sí?
—Tú aceptas, pero tu papá no…
—Mi respuesta es la respuesta de mi papá. —Samuel dijo tajante—: Confía en mí.
Fiona tragó saliva nerviosa y bajó la vista.
Claro que quería confiar en él. Su relación era compleja, no era algo que se pudiera explicar en dos palabras a los demás.
Pero si Samuel no tenía objeción, la opinión de los demás era solo una referencia.
—Bueno, ya come. —Fiona sonrió levemente—: Yo también tengo que regresar a la clínica a trabajar.
—Gracias por traerme el almuerzo, lo disfrutaré.
—Sale.
Fiona salió de su oficina y regresó directo a la clínica.
La tarde estuvo pesadísima, no paró hasta el anochecer.
Apenas entró a la sala de descanso, escuchó una voz autoritaria en la entrada:
—Buenas tardes, ¿se encuentra la señorita Santana?
Thiago estaba haciendo el corte de caja y, al levantar la vista, vio a dos policías entrar.
Su mirada se llenó de alerta:
—Oficial, ¿qué asunto tiene con nuestra jefa?
—Tenemos un caso y necesitamos que colabore con la investigación…
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