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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 591

Thiago pareció escuchar algo que le interesó, y se le iluminaron los ojos: —De repente siento que ya es muy tarde, y regresar a estas horas sería una friega. Así que aceptaré la amabilidad de Fiona, subiré a descansar primero...

Fiona observó su figura subiendo las escaleras a zancadas, y de pronto sintió unas ganas de reír y llorar a la vez. «¿No fue demasiado rápido ese cambio de actitud?», pensó.

Cuando Fiona regresó a la habitación, vio que Samuel ya se había aseado y estaba de pie junto a la ventana, hablando por celular. No quiso molestarlo, así que tomó su pijama y se metió al baño.

Al salir, Samuel ya estaba acostado en la cama, con los ojos cerrados. Al parecer, esperarla lo había agotado.

Fiona apagó la luz y caminó suavemente hacia la cama. Apenas levantó el edredón para acostarse, sintió una mano sobre su abdomen. Al segundo siguiente, él la jaló completamente hacia sus brazos.

Fiona preguntó con cautela: —¿Te desperté?

—Fiona, cuando no te encontraba esta noche, me puse muy ansioso y te extrañé muchísimo...

Samuel no respondió a su pregunta, sino que soltó esa confesión. El corazón de Fiona pareció detenerse un instante, para luego latir desbocado. Aunque no llevaban mucho tiempo juntos formalmente, Samuel le había dicho cosas similares varias veces, y aun así, cada vez que lo escuchaba, lograba acelerarle el corazón sin esfuerzo.

Fiona no dijo nada; sin dudarlo, se acercó y besó sus labios. Samuel cerró los ojos con profunda emoción y le devolvió el beso.

Parecía estar realmente cansado, o tal vez porque estaba en casa de ella no se atrevía a propasarse. Solo la besó, sin hacer nada más. Con Samuel a su lado, esa noche durmió profundamente. Una fuerte sensación de felicidad brotó en su interior.

—¿De qué platicaste con tu papá hoy? ¿Se opone a nuestra relación?

—¿Así que aparte de tu papá, los demás parientes aún no saben lo nuestro?

—¿Qué sentido tiene que lo sepan? Mientras mi papá dé el visto bueno, con eso basta.

El tono del hombre era indiferente, y la mano que rodeaba su cintura se apretó un poco más. Fiona asintió, pensativa. En realidad, lo que decía tenía lógica. Si los demás se enteraban, solo chismearían a sus espaldas; ¿cuántos de ellos los felicitarían de verdad? Probablemente, la única persona que realmente deseaba su bienestar era el abuelo Flores.

—Ya es tarde, descansa.

Fiona vio interrumpidos sus pensamientos y asintió rápidamente: —Está bien.

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