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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 610

Samuel caminó hacia él sin dudarlo y se paró a su lado.

Su voz era extremadamente grave:

—De ahora en adelante controla a tu gente. Que no venga a armar líos si no tiene nada que hacer aquí. Esta vez se la paso, pero si hay una próxima, no va a acabar tan bien.

Si no hubiera sido por el abuelo, con su carácter, le hubiera dado una lección a Bianca allí mismo.

Esteban volteó rápidamente al escuchar la voz y vio a Samuel.

Apagó el cigarro de inmediato y se giró para enfrentarlo:

—¿Cuándo se enteró el abuelo?

El hombre ladeó la cabeza y lo miró con indiferencia:

—Ya lo sabía desde la última reunión familiar.

La sorpresa cruzó por los ojos de Esteban.

No pensó que el abuelo lo supiera desde ese día.

Una ira intensa subió a su mirada:

—Ella es mi exesposa y ahora resulta que es tu novia. Siempre supe que tenías tus mañas, tío, ¡pero no pensé que pudieras convencer hasta al abuelo!

—No dije nada ni hice nada. Él nos dio su bendición por iniciativa propia.

Esteban alzó la voz:

—¿Cómo es posible? ¿Cómo iba a bendecirlos él mismo?

Samuel sonrió con frialdad:

—Te voy a decir la verdad. Si no fuera porque Fiona solo tenía ojos para ti y se empeñó en casarse contigo, tal vez el abuelo me la hubiera presentado a mí hace mucho…

Los ojos de Esteban se abrieron de par en par por la conmoción, y sus pestañas temblaron levemente.

—Los hechos demuestran que quienes deben estar juntos, terminan juntos. No me importa si estuvo casada, si tuvo hijos o si estuvo en la cárcel. La amo a ella, por quien es, no por su pasado.

—No se te ocurra volver a molestarla. Ella me tiene a mí y al abuelo respaldándola. Ya no es la mujer que podías intimidar a tu antojo, ¿entendido?

Al escuchar esas palabras, Pedro se quedó pasmado.

Habían peleado tantas veces, y ella actuaba como si nada hubiera pasado, invitándolo a jugar.

Pedro la miró confundido:

—Siempre te molestaba antes. ¿Por qué no me guardas rencor y me invitas a jugar?

Silvia detuvo sus manos en la nieve.

Se sacudió los guantes y sonrió levemente:

—Fiona dice que hay que ser generosos y no tomarse todo a pecho. Aunque hayamos sido enemigos, quién sabe, tal vez algún día podamos ser amigos.

Al escucharla, Pedro sintió una sacudida en el corazón.

Su mamá le había enseñado eso alguna vez.

Pero entonces era muy pequeño y no entendía bien qué significaba. Ahora que lo pensaba, tenía mucha razón.

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