—Hablo en serio. Voy a casarme con ella y nadie podrá impedirlo... —Samuel levantó la vista y lo miró con furia, hablando sin rodeos—: ¡Incluido tú!
Gustavo estalló de ira al instante:
—Samuel, ¿estás loco? ¡Es la exesposa de tu sobrino! Durmió con Esteban y tuvieron un hijo. Si se casa contigo, ¿cómo la va a llamar el niño? ¿Mamá o tía?
—Que le diga como quiera, es solo un título, ¿qué más da?
El tono de Samuel era extremadamente indiferente, mirándolo con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—¡Loco! ¡Estás loco! —El pecho de Gustavo subía y bajaba agitado—. ¡Samuel! ¡Te has vuelto rematadamente loco!
—Ni tu hijo se puso tan histérico cuando se enteró. ¿Por qué reaccionas como si te hubiera robado a tu esposa a ti...?
En cuanto Samuel terminó la frase, Gustavo no pudo soportarlo más:
—¡Papá! ¿Escuchas las estupideces que dice tu hijo menor?
—Gustavo, te lo digo claro: me voy a casar con Fiona. Estés de acuerdo o no, ella entrará por la puerta grande de la familia Flores y será tu cuñada.
La voz de Samuel era fría e inapelable.
—¡Esteban! ¡Di algo! Te están quitando a tu exesposa...
—¡Basta!
El grito del abuelo Flores hizo que se hiciera un silencio sepulcral.
Gustavo miró molesto a su padre, pero finalmente se sentó despacio.
En toda la familia Flores, la única persona que podía controlar a Samuel era el abuelo.
Si el viejo no hubiera dado su visto bueno, Samuel no se atrevería a actuar con tanta imprudencia.
Pero resulta que al que más consentía el abuelo era a Samuel.
Esteban cruzó miradas con su padre y suspiró con resignación:
—Papá, es mi tío. ¿Qué puedo hacer yo?
—¡Inútil! Si no anduvieras de mujeriego por ahí, ¿crees que tu tío habría tenido oportunidad de acercarse a esa mujer?
—Estoy cansado, me voy a dormir.
Esteban no dijo nada más y subió al segundo piso.
Fiona había regresado a la habitación de invitados cuando vio que el abuelo y Samuel iban a subir.
Después de bañarse, seguía sin poder calmarse.
Apenas abrió la puerta del baño, escuchó que tocaban suavemente a la puerta de la habitación.

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