Fiona tomó el celular directamente y apagó el altavoz.
Con el teléfono en la mano, se dirigió hacia el patio.
El hombre observó su espalda mientras se alejaba, y su mirada se volvió cada vez más sombría.
La mano con la que sostenía los cubiertos se apretaba con fuerza cada vez mayor.
Trataba de controlar sus emociones lo más posible…
Una vez en el patio, Fiona habló con tono tranquilo:
—Hace poco sí tuve conflictos con él, pero ahora ya nos reconciliamos. Así que te pido que no vuelvas a venir. Y cuando regreses a Santa Matilde, tampoco me busques si no es necesario.
—¿Qué quieres decir? ¿De verdad planeas estar con él a largo plazo?
La voz de Esteban estaba llena de incredulidad.
Fiona respondió sin dudar:
—Sí.
—Puedo regresarme primero —respondió Esteban al instante—, pero renunciar a ti, eso de verdad no puedo hacerlo.
Luego, sin esperar respuesta de Fiona, colgó la llamada abruptamente.
El celular emitió el sonido de tono ocupado.
Fiona escuchó vagamente el sonido de unas llantas sobre el pavimento afuera.
Si no se equivocaba, ese desgraciado debía haber estado justo afuera del patio hace un momento.
Fiona suspiró profundamente, con el corazón hecho un lío.
¿Por qué tenía que reavivar sus sentimientos justo en este momento?
Precisamente cuando ella y aquel hombre se amaban tanto.
Cualquier cosa que Esteban hiciera por ella, aunque fuera un abrazo o un simple saludo, podría herir a Samuel.
Ante esta situación, realmente se sentía un poco impotente.
En los dos días siguientes, Esteban no volvió a aparecer; quizás realmente había regresado a Santa Matilde.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera