—Él ni siquiera ha encontrado mi cuerpo, ¿cómo podría hacerme un funeral?
—Probablemente al no encontrarte, quieren hacer un entierro simbólico, una tumba vacía...
—¡Entonces con más razón deberías dejarme ir, en lugar de tenerme aquí atrapada! —Fiona intentó negociar con él—. Raimundo, te salvé dos veces, tú me salvaste una. Todavía me debes una; déjame ir ahora y consideraré saldada mi deuda de vida, ¿te parece?
Raimundo la miró desde arriba, sintiendo una amargura inexplicable.
En realidad, no quería encerrarla, le dolía hacerlo. Pero le dolía más verla regresar a Santa Matilde, a caer de nuevo en ese nido de víboras.
—¿Sabes quién fue el culpable esta vez?
Raimundo movió sus manos hacia arriba, posándolas sobre el blanco cuello de ella.
Fiona tragó saliva por instinto: —¿Quién?
—Esa amante que tu exmarido tenía escondida... —dijo Raimundo sin rodeos—. Pero esta vez no encontraron pruebas útiles, así que no pueden procesarla. ¿Para qué quieres volver? ¿Para que sigan tendiéndote trampas? Además, esa tal Ramos tampoco es una perita en dulce.
Al escuchar esto, los ojos de Fiona temblaron ligeramente.
Así que la autora intelectual esta vez había sido Bianca.
Fiona le apartó las manos y, como si le hubieran robado el alma, caminó hacia el sofá.
Antes, cuando Bianca la atacaba, por más que planeara cosas, nunca había intentado matarla. Pero esta vez el golpe había sido brutal.
Si no fuera por Raimundo, seguramente estaría muerta de verdad.
Samuel iba a organizarle un funeral real.
Pero no sabía por qué, a pesar de que volver a Santa Matilde significaba estar rodeada de peligros, ella seguía queriendo regresar al lado de Samuel.
Durante los siguientes dos días, Fiona no probó bocado, pensando solo en irse.
Raimundo la acompañaba todo el día, sin apartarse ni un instante.
Ella se pasaba el día sentada en el balcón, mirando el mundo exterior, con la mente llena de imágenes de Samuel.
Intentó tomar el celular de Raimundo para llamar a Samuel, pero él nunca lo soltaba, y por las noches dormían en habitaciones separadas, así que no tenía forma de contactar con el exterior.


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