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Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera romance Capítulo 732

Abraham le extendió una caja de color rosa, con una leve sonrisa en el rostro.

—El señor Flores me pidió que le trajera esto. Es el vestido para esta noche.

Fiona se quedó atónita.

No esperaba que Samuel tuviera listo hasta el vestido.

Qué detallista...

—Gracias, perdona la molestia de hacerte venir hasta aquí.

—Es parte de mi trabajo —respondió Abraham con una sonrisa discreta—. Me retiro entonces.

—Claro, maneja con cuidado.

Tras despedir a Abraham, Fiona cerró la puerta y, al sacar el vestido, se quedó impresionada.

Por el corte y la confección, aquello debía costar millones de pesos.

Realmente no escatimaba gastos con ella.

Una sonrisa incontenible apareció en los labios de Fiona.

Al terminar su trabajo del día, fue a un estudio de belleza cercano para arreglarse y se puso el vestido que Samuel le había enviado.

El vestido blanco de gasa, estilo strapless, combinado con un peinado semirrecogido y rizos cayendo hasta la cintura, la hacían lucir tan hermosa que ni ella misma podía dejar de mirarse.

A las seis de la tarde, Samuel llegó puntual al estudio para recogerla. Al verla, las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba y sus ojos no pudieron enfocarse en nada más.

Mientras ella caminaba hacia él levantando un poco la falda, solo una palabra cruzó por su mente.

Diosa.

Su apariencia actual distaba mucho de la primera vez que la vio.

Los hechos demostraban que él la había cuidado muy bien durante este tiempo...

Fiona se sintió un poco avergonzada por la intensidad de su mirada, y un leve rubor cubrió sus mejillas.

—¿Qué hacemos? —preguntó Samuel, rodeando su cintura con un brazo y acercándose de golpe.

Fiona no entendió a qué se refería.

—¿Cómo que qué hacemos?

—Dicen que es su novia. Esa mujer no es cualquier cosa; se rumorea que es divorciada y tiene un hijo.

...

Fiona escuchaba los comentarios, pero no les dio importancia.

Se mantuvo al lado de Samuel, acompañándolo mientras hablaba con varios empresarios.

Sentía que alguien la observaba desde el lado izquierdo. Al girar la vista hacia allá, se topó directamente con esos ojos familiares.

Era Esteban.

Estaba de pie fuera del círculo de gente, y gracias a su alta estatura, lo localizó de inmediato.

El hombre sostenía una copa de vino tinto y se apoyaba en el borde de una mesa. Estaba demasiado lejos para distinguir su expresión.

Fiona solo lo miró un instante y apartó la vista.

A mitad de la velada, Fiona fue al baño. Samuel seguía hablando con otros empresarios y no pudo acompañarla.

Al salir de lavarse las manos, vio una figura familiar en el espejo.

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