Fiona no pudo evitar sonreír.
Al parecer no mentía, realmente estaba cansado.
Fiona se acercó con cuidado, con la intención de apagar la lámpara de la mesita de noche y dormir, pero el hombre sobre las sábanas se despertó de repente.
—¿Ya terminaste de bañarte?
Fiona asintió levemente.
—¡Sí! ¿Por qué te despertaste así de la nada? ¿Hice mucho ruido?
—No planeaba dormir, es solo que estaba muy cansado y me venció el sueño.
—¡Pues sigue durmiendo!
Fiona levantó las cobijas y se acostó.
El hombre estiró el brazo y de un tirón la atrajo hacia su pecho.
—Quiero platicarte algo.
Fiona giró la cabeza, curiosa.
—¿Qué pasa?
—Quiero pedir unos días de vacaciones. Pasado mañana nos vamos de viaje...
Fiona se quedó pasmada un instante y lo miró con intriga.
—¿Por qué de repente quieres ir de viaje?
—Siento que nunca he salido bien contigo a pasear. Veo que todos los días sales temprano y regresas tarde, así que quiero llevarte a relajarte un poco.
—Pero pasado mañana no puedo...
Aunque Fiona no quería arruinarle el plan, tenía que grabar el programa pasado mañana, así que no tuvo más remedio que rechazarlo.
—¿Por qué no? ¿Qué asunto es tan importante?
Fiona lo pensó un momento y luego dijo:
—Pasado mañana tengo que grabar un programa. Si quieres verme, puedes ir al set, y el viaje lo podemos posponer unos días.
—¿Grabar un programa? —En los ojos de Samuel apareció una chispa de sorpresa—. ¿Qué programa vas a grabar?
Fiona le contó todo el asunto con lujo de detalles.
Al escucharla, el rostro del hombre se ensombreció.
—¿Así de arrogantes son?
—¡Pues sí! —respondió Fiona con tono sarcástico—. Tengo que aprovechar esta oportunidad para darles una buena lección.
Samuel se interesó de repente y la miró con curiosidad.
—¿Entonces me das un beso?
Ella soltó una risa ronca, levantó la cabeza y lo besó.
Él giró rápidamente la cabeza y pegó sus labios a los de ella.
Fiona no esperaba que él volteara la cara tan rápido y no pudo evitar darle un golpe en el hombro.
—¡Aprovechado!
Samuel le atrapó la mano al instante.
—Es la segunda vez que me dices así. Ya no te lo voy a permitir; por cada vez que me lo digas, te voy a castigar.
Fiona levantó la vista, con un brillo tenue en los ojos.
—¿Cómo me vas a castigar?
Samuel le apretó los cachetes y se rio con voz ronca.
—Tú dime...
—No creo que sea lo que estoy pensando, ¿verdad?
—Pues dímelo tú...

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