—¡Piii...!
El sonido del claxon sonó de repente detrás de ella.
Fiona se sobresaltó, se llevó la mano al pecho por instinto y volteó hacia atrás.
El coche de Samuel se había detenido detrás de ella sin que se diera cuenta...
El hombre bajó del auto y ella frunció el ceño.
—¡Samuel! ¿Te atreves a pitarme así?
Samuel se acercó rápidamente.
—No te pité por molestar, es que te vi tirando golpes y patadas al aire. Parecía que se te había pegado alguna mala vibra o algo feo, ¡solo te estaba ayudando a espantarlo!
Fiona se quedó sin palabras.
«¡Pues gracias, eh!»
No le hizo caso, se dio la vuelta e intentó entrar a la casa.
—¿Qué estabas haciendo hace rato?
Samuel la siguió, con la mirada llena de curiosidad.
Fiona se detuvo y lo miró de reojo.
—Efectivamente, se me pegó algo asqueroso y estaba tratando de matarlo a golpes.
Samuel, que al principio estaba serio, al verla decir disparates con tanta seriedad, sintió una extraña ternura.
Le pellizcó la mejilla.
—¡Cómo te gusta inventar!
Fiona sonrió levemente y le hizo una mueca de resignación.
Ese desgraciado de Esteban... ¿de verdad pensaba ir mañana?
Por la noche, aprovechando que Samuel se metió a bañar, Fiona pensó en mandarle un mensaje a Esteban para sondear si realmente había averiguado lo del programa.
Pero apenas tomó el celular, entró una llamada.
No era Esteban, sino Pedro Flores.
Fiona pensó que el hecho de que padre e hijo fueran a verla grabar el programa y se sentaran en el mismo público que Samuel ya era bastante desesperante. ¡Pero lo verdaderamente terrible fue descubrir que los cuatro asientos estaban juntos!
Como tenía que llegar al lugar a las ocho, salió de casa antes y no esperó a Samuel.
Llegó a los camerinos y comenzó a prepararse. Antes de empezar a grabar, solo quería echar un vistazo rápido a los asientos del público para ver si los lugares de ellos dos estarían muy cerca del de Samuel.
Para su sorpresa, con solo un vistazo se quedó helada.
Estaban todos sentados en la primera fila, justo en el centro. Silvia y Pedro estaban en medio, y Samuel y Esteban estaban sentados a sus lados.
Los dos hombres cruzaron miradas en ese momento, pero ninguno dijo nada.
Aun a la distancia, Fiona podía sentir que el aura de ambos había cambiado.
Era como si hubiera una fuerza invisible chocando entre ellos.
Fiona respiró hondo.
¡Seguro que Samuel le iba a pedir cuentas después!
Fiona decidió dejar eso de lado por el momento; primero la competencia.

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