—¡Piii...!
El sonido del claxon sonó de repente detrás de ella.
Fiona se sobresaltó, se llevó la mano al pecho por instinto y volteó hacia atrás.
El coche de Samuel se había detenido detrás de ella sin que se diera cuenta...
El hombre bajó del auto y ella frunció el ceño.
—¡Samuel! ¿Te atreves a pitarme así?
Samuel se acercó rápidamente.
—No te pité por molestar, es que te vi tirando golpes y patadas al aire. Parecía que se te había pegado alguna mala vibra o algo feo, ¡solo te estaba ayudando a espantarlo!
Fiona se quedó sin palabras.
«¡Pues gracias, eh!»
No le hizo caso, se dio la vuelta e intentó entrar a la casa.
—¿Qué estabas haciendo hace rato?
Samuel la siguió, con la mirada llena de curiosidad.
Fiona se detuvo y lo miró de reojo.
—Efectivamente, se me pegó algo asqueroso y estaba tratando de matarlo a golpes.
Samuel, que al principio estaba serio, al verla decir disparates con tanta seriedad, sintió una extraña ternura.
Le pellizcó la mejilla.
—¡Cómo te gusta inventar!
Fiona sonrió levemente y le hizo una mueca de resignación.
Ese desgraciado de Esteban... ¿de verdad pensaba ir mañana?
Por la noche, aprovechando que Samuel se metió a bañar, Fiona pensó en mandarle un mensaje a Esteban para sondear si realmente había averiguado lo del programa.
Pero apenas tomó el celular, entró una llamada.
No era Esteban, sino Pedro Flores.

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