Jamás se imaginó que Samuel planeara pedirle matrimonio esa misma noche y en ese lugar.
Con razón Ofelia le había insistido tanto por teléfono para que se arreglara y se viera bonita. Resulta que su amiga ya sabía que Samuel tenía todo preparado para la propuesta.
Samuel debía estar abajo en ese preciso momento.
Raimundo curvó los labios en una sonrisa que no llegaba a serlo del todo, mirándola fijamente.
Fiona sacudía la cabeza con desesperación, indicándole que le quitara el trapo que tenía en la boca, pero el hombre frente a ella permanecía impasible, sin mover un solo músculo, con una frialdad aterradora.
Los dedos de él, que sostenían su barbilla, comenzaron a acariciarla suavemente, y su tono de voz se volvió inquietantemente dulce:
—Amiguita, ¿tienes idea de cuánto te amo en realidad?
Fiona se limitó a mirarlo, con los ojos inyectados de furia.
—Incluso pensé en estar con Bianca. ¿Sabes por qué? —En el rostro de Raimundo apareció de pronto una sonrisa de locura absoluta—. Porque ambas fueron mujeres de Esteban. Si hacemos cuentas… ¿no contaría eso como si tú y yo hubiéramos estado juntos?
El hombre no terminó la frase, dejando la implicación en el aire.
Tras escuchar aquello, la conmoción en la mirada de Fiona se intensificó. ¡Estaba completamente loco!
Raimundo sacudió la cabeza, como si hablara consigo mismo:
—Pero al final me di cuenta de que no podía hacerlo. Aparte de ti, no puedo sentir nada por nadie más…

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