—Claro —asintió Fiona—: Es el anillo ideal.
El hombre sonrió y preguntó:
—¿Ah, sí?
Fiona volvió a asentir:
—Y el hombre ideal...
Samuel sonrió con los ojos entrecerrados al escucharla:
—Tú también eres mi mujer ideal.
Ambos se miraron y sonrieron, como si en el mundo solo existieran ellos dos.
Samuel la observó con devoción y, sin dudarlo, tomó su rostro entre sus manos e inclinó la cabeza para besar sus labios.
El beso fue extremadamente suave, tanto que a Fiona le temblaron las piernas.
Se recargó en el pecho del hombre, disfrutando de ese momento de calidez.
Se quedaron allí cerca de media hora antes de ir al área del comedor para cenar.
La cena de hoy era muy abundante, con puros platillos que a Fiona le encantaban.
Samuel no paraba de servirle comida, y la ternura en su mirada casi se desbordaba.
A mitad de la cena, Fiona fue al baño, pero al salir, vio una figura familiar parada junto a la pared.
No era otro que Esteban, quien la había buscado más temprano.
El hombre estaba recargado en la pared, con un cigarro en la mano y una expresión de profunda ansiedad.
Al ver a Fiona, la atmósfera alrededor de Esteban se volvió gélida.
Hacía media hora, le había llegado el rumor de que su tío le pediría matrimonio a Fiona esa noche.
Había corrido al lugar con urgencia, pero al parecer había llegado tarde.
Porque en el dedo medio de ella, había un anillo nuevo.
Seguramente Samuel se lo acababa de poner.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera