Su amigo había llegado y seguramente haría lo imposible por sacarlo de ahí...
No solo no había logrado lo que quería, sino que ahora todo el mundo se enteraría y se armaría un escándalo.
—¡Pum!
Justo cuando estaba más angustiada y sin saber qué hacer, se escuchó una fuerte patada contra la puerta.
El estruendo resonó por todo el lugar.
Ese sonido hizo que el pánico de Valeria aumentara aún más.
Estaba como hormiga en comal caliente, dando vueltas sin rumbo, totalmente desesperada.
—¡Pum!
Con un último golpe seco, la puerta fue derribada desde afuera.
Israel vio de inmediato la figura recostada en el sofá.
Era Samuel.
Y a su lado, había una mujer de pie.
Era muy guapa, alta, y tenía la ansiedad pintada en el rostro.
Le parecía haberla visto antes, pero en ese momento no lograba ubicarla.
—¿Quién eres tú? ¿Qué le hiciste a Samu?
Israel entró rápidamente, con la mirada llena de alerta, clavando los ojos en la mujer.
La confusión en los ojos de Valeria se hizo más profunda; no sabía qué contestar.
Al ver que el hombre se acercaba cada vez más, no tuvo otra opción: con sus tacones resonando, lo esquivó rápidamente y salió huyendo del lugar.
Al ver la escena, Israel reaccionó por instinto e intentó agarrarla del brazo.
Pero Valeria fue demasiado rápida y no logró detenerla.
Quiso perseguirla, pero temía que ella tuviera algún cómplice o plan B que pudiera dañar a Samuel.

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