Fiona lo miró a los ojos y respondió con seriedad:
—Si dijeron que cerremos, pues cerramos. Tómate estos días para descansar en tu casa. Tu sueldo te llegará normal.
—¿Cómo crees? Me da pena cobrar sin trabajar.
—No te preocupes —Fiona sonrió levemente—. Pagarte a ti es como ayudar a Ofelia…
Al mencionar a Ofelia, a Thiago se le iluminó la cara con una sonrisa.
Esa felicidad no se podía ocultar.
Cerraron la clínica cerca del mediodía y Fiona manejó directo a Costa de la Rivera.
Apenas entró a la casa, vio que Helena ya tenía la comida lista.
Fiona se quedó pasmada al ver la mesa servida.
—Helena, ¿cómo sabías que iba a venir?
—El señor llamó para avisarme que usted vendría a comer y que le preparara el almuerzo…
Al escuchar eso, la sorpresa en los ojos de Fiona aumentó.
¿Cómo sabía él que ella regresaría a mediodía?
Cuando salió de la villa en la mañana, ¿acaso la había seguido?
¿Sabría también lo de la clínica?
—Señorita Santana, venga a comer.
La voz de Helena la sacó de sus pensamientos.
—Sí, voy —asintió suavemente.
Como la clínica estaba cerrada, decidió ir a su estudio por la tarde.
Últimamente, Emilio se encargaba de administrar el estudio y le reportaba el progreso diario.
Cuando llegó, vio una figura sospechosa a lo lejos.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera