—Ya, no te pongas así con un niño. Es solo un niño, no hay necesidad de hacer tanto drama.
—Si fuera cualquier niño, seguro no me enojaría. Pero es el hijo que tuviste con Esteban. Cada vez que veo a Pedro, me acuerdo de todo lo que pasaron ustedes dos y me hierve la sangre.
—Y ahora resulta que lo traes a la casa. ¿Lo haces para molestarme? —la voz de Samuel subió de tono—. ¿Acaso cuando nos casemos también se va a mudar aquí para amargarme la existencia todos los días?
Al ver la furia en su rostro, Fiona se puso nerviosa.
Su primera reacción fue negarlo: —¿Cómo crees? Cuando nos casemos tendremos nuestra propia vida y familia. ¿Cómo voy a traerlo a vivir aquí? ¡Estás imaginando cosas!
—¿Estoy imaginando cosas o tú no te das cuenta de lo hiriente que es lo que haces?
Ante esas palabras, Fiona se quedó muda, sintiendo un nudo en la garganta.
El hombre señaló hacia la planta baja: —Puedes ir a buscarlo a Villa San Telmo, puedes llevarlo a la otra casa, ¡pero traerlo aquí no es apropiado!
Es decir, ¡lo hacía reventar de coraje!
Pero esa última frase se la guardó.
Fiona no esperaba que algo tan pequeño lo sacara tanto de sus casillas.
Resultaba que su amor por ella era tan profundo y posesivo que hasta sentía celos de un niño...
Justo cuando iba a hablar, Samuel la soltó bruscamente, se dio la vuelta y se alejó del cuarto sin mirar atrás.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Robaron Tres Años, les Cobraré una Vida Entera