El hombre asintió levemente, pero no dijo nada más.
Ya habían hablado suficiente del tema; si seguía dándole vueltas, parecería que él era el rencoroso.
—Bueno, voy al baño. Espérame afuera.
Samuel señaló hacia el baño con una sonrisa que no se le borraba de la cara.
—Está bien.
Fiona sonrió con dulzura mientras lo veía alejarse.
En ese momento, el peso que había sentido en el pecho finalmente desapareció.
Por fin se había resuelto ese asunto...
Los siguientes dos días, la relación entre ambos fue más armoniosa que nunca.
Aparte de las horas de trabajo, Samuel se la pasaba prácticamente pegado a ella todo el tiempo.
El fin de semana, se supo que Samuel había sido invitado a participar en un programa de noticias financieras, un programa al que también asistiría Valeria.
Al enterarse de la noticia, Fiona se puso en guardia.
No es que le preocupara que Samuel hiciera algo indebido, sino que no confiaba ni tantito en Valeria.
Esa mujer parecía mucho más astuta que Bianca, y seguro buscaría cualquier oportunidad para meterse.
Después de lo que pasó en el restaurante francés, Fiona todavía sentía escalofríos.
Por muy mal que cayera Bianca, jamás se atrevería a hacer una bajeza como esa...
La noche anterior al programa, Samuel llegó muy tarde a casa. Al abrir la puerta y entrar, traía un ligero olor a alcohol impregnado en la ropa.
Fiona se había quedado esperándolo en la sala. Al verlo entrar, su mirada se dirigió instintivamente hacia la puerta.
Al ver que ella aún no dormía, la curiosidad asomó en los ojos de Samuel.
—¿Por qué sigues despierta?
—Te estaba esperando...
Fiona se acercó rápidamente y le ayudó a quitarse el saco del traje.


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