Al escuchar sus palabras, a Samuel le dieron ganas de reír y llorar al mismo tiempo. Su voz se tornó grave y cargada de certeza:
—Si no me caso con ella, ¿acaso me voy a casar contigo?
Tras soltar esa frase, el rostro de la mujer frente a él se tensó por completo; se quedó sin saber qué responder por un momento.
El hombre la miró fijamente y dijo sin pelos en la lengua:
—Puedo fingir que lo que dijiste en el programa no pasó, pero ya dejé claro ante todos que tú y yo no tenemos nada que ver. Si vuelves a andar hablando a mis espaldas, no te la vas a acabar, ¿te quedó claro?
El tono de Samuel era extremadamente serio.
La cara de Valeria reflejaba pura frustración, pero después de que el hombre fuera tan directo, ¿qué más podía decir?
Al ver que ella no decía ni pío, Samuel le lanzó una mirada fulminante.
Valeria, aunque quisiera replicar, tuvo que tragarse sus palabras al ver esa mirada.
Samuel dio media vuelta y caminó a paso firme hacia su coche.
Valeria observó su espalda mientras se alejaba, y sus manos, que colgaban a los costados, se cerraron en puños con fuerza.
Samuel era un hombre realmente despiadado; solo cuando estaba con Fiona se volvía una persona suave.
De solo pensar en esa mujer, sentía un malestar insoportable.
Un frío intenso le recorrió el pecho, una sensación que no se le quitaba con nada.
Antes de regresar al país, siempre pensó que Daniela, la amiga de la infancia de Samuel, sería su mayor rival...
Pero ahora se daba cuenta de que la verdadera enemiga era Fiona.
Pero si ella había regresado con la intención de casarse con él, ¿cómo iba a permitir que ellos se casaran tan fácilmente?
Valeria miró el auto del hombre alejándose y las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba.
La malicia en su mirada se volvió de pronto mucho más intensa.
***



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