—Primer lugar: la obra ganadora es una pareja de quimeras, del estudio de la señorita Santana. ¡Invitamos al asistente, el señor Emilio, a pasar por el premio!
Emilio subió al escenario con calma. Recibió el trofeo y dijo:
—Gracias a los jueces por elegir la obra de nuestro estudio. Para nosotros es un honor haber tenido esta oportunidad.
—La verdad, quien debería estar aquí no soy yo, porque esta pieza no es mía. Es de mi jefa, la señorita Santana.
—Pero esto tiene que ver con el prestigio de todo el estudio. De nuevo, muchas gracias por elegir nuestro trabajo.
Fiona, mirando el discurso de Emilio en la tablet, sonrió levemente.
—No pensé que el estudio fuera a ganar el primer lugar.
Según su plan original, con quedar en segundo era suficiente.
En ese concurso participaron varias empresas tradicionales de Santa Matilde. Incluso estuvo la más fuerte del sector: la empresa de tallado Arte Fino.
Que su pieza le ganara a Arte Fino y se llevara el campeonato… eso sí fue lo que más la sorprendió.
—Tu nivel es muy bueno. —Samuel, sentado a su lado, habló con tranquilidad—. Y esos jueces no están ciegos; claro que se dan cuenta quién tiene nivel.
Quienes podían ser jueces en un concurso así eran, básicamente, maestros del oficio.
Y la gente de oficio tiene sus estándares.
Fiona lo miró con una sonrisa en los ojos.
—Lo dices como si lo normal fuera que yo ganara.
Ella aprendió con su abuelo.
Sí, su técnica era buena y vendía caro… pero en Santa Matilde siempre hay alguien mejor. Nunca faltan los talentos.
Era mejor mantenerse humilde.
—Cualquier persona con tantita cabeza te habría dado el premio.


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