—Según los resultados del centro de evaluación, esta obra, que supuestamente es una pintura del siglo XI titulada «Bajo la Luna del Amazonas», es una falsificación de mala calidad. La pieza auténtica fue adquirida por el Museo de Tokio y apenas el mes pasado terminó su exhibición en una galería de arte en Londres.
Al decir esto, Emilio hizo una pausa y posó su mirada sobre Renata, quien ya estaba visiblemente nerviosa:
—En cuanto a la señorita Menchaca, es probable que la haya visto alguna vez por casualidad mientras estudiaba en la universidad en Londres.
—No sé dónde compraste esta imitación, pero el hecho de que traigas una falsificación para intentar incriminarme y exigirme una indemnización millonaria...
Fiona curvó los labios y fijó la vista en el rostro aterrorizado de Renata:
—Me hace pensar que aquí hay gato encerrado, ¿no crees?
«Gato encerrado».
Renata gritó internamente que todo había salido mal, pero por fuera intentó mantener la compostura:
—¿Con qué derecho dices que tengo otras intenciones? ¿Dónde están las pruebas?
—Ya he enviado este resultado de evaluación al juzgado. Además, tengo fotos de la condición exacta en la que me entregaste la pintura, y las cámaras de seguridad de mi estudio pueden probar que viniste a buscar problemas deliberadamente.
Fiona observó cómo el color desaparecía del rostro de Renata y su sonrisa se amplió:
—Me reservo el derecho de demandarte.
—Si estás dispuesta a bajar la cabeza, pedirme una disculpa y pagarme treinta millones de pesos por daños a mi reputación y detener esto ahora mismo, podría retirar la demanda.
Esa era la estrategia que había planeado durante toda la semana. Ya que Renata había venido a atacarla descaradamente, ella no le tenía miedo al conflicto; si había que ir a juicio, irían. Pero Renata apenas tenía poco más de veinte años, estaba en edad universitaria. Tener antecedentes penales a esa edad sería terrible para su futuro.
Así que Fiona, por consideración a Samuel, estaba siendo bastante benévola.
Sin embargo, Renata no se resignaba:
—¿Te atreves a demandarme? ¿Y qué si es una imitación? ¡Tú incumpliste primero! ¡Deberías pagarme el triple de la penalización!

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