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Médico Supremo romance Capítulo 119

¡Crash!

El sonido de un jarrón rompiéndose de repente sonó en la oficina del CEO del Grupo Reg.

La apacible disposición habitual de Limberto había desaparecido y su rostro estaba contorsionado por la rabia.

—¿Fernando en verdad dijo eso?

Tras salir corriendo de la Clínica Médica de Jerónimo, Elvia respondió:

—Sí. Dijo que debías dejar de soñar y que nunca te daría las fórmulas de los medicamentos para las heridas y para adelgazar.

Al escuchar eso, Limberto se rio con frialdad.

—Fernando se cree un pez gordo ahora, ¿eh? ¿De verdad cree que tiene el poder para ir contra mí?

Los labios de Elvia se crisparon.

«Ah Fernando también dijo algo parecido antes».

Sin saber que Elvia ya había cambiado de opinión, Limberto se volvió hacia ella.

—Ve. Haz los preparativos necesarios. Quiero que la Clínica Médica de Jerónimo fracase y que Fernando se ponga de rodillas para suplicarme perdón. Y lo que es más importante, quiero que me entregue las fórmulas en persona.

Tras un momento de vacilación, Elvia tomó la palabra.

—Señor Salas, Fernando cuenta con el respaldo de las familias Hernández y Mejía. ¿Deberíamos hacer esto? Además, si la Señorita Zavala se entera de que va por Fernando, ¿no le daría eso una peor impresión de ti?

—Fernando pudo haber hecho un favor a las familias Hernández y Mejía antes, pero no se opondrían a mí por su culpa. En cuanto a Bere… ¿No sería mejor que supiera de esto?

Por desgracia, las palabras de Limberto dejaron a Elvia perpleja.

—¿Por qué será?

—No hay forma de que Fernando le diga a Bere la verdadera razón —dijo Limberto con una risita irónica—. Así, ella y todos los demás pensarán que voy tras él por celos. ¿Quién sabe? Puede que incluso tome la iniciativa de interceder ante mí en favor de Fernando. Entonces tendré un motivo para disfrutar de una comida privada con ella, ¿no?

En cuanto Limberto lo mencionó, sus ojos ardieron de rabia.

«Argh Pensé que después de mover los hilos para fingir que salvaba a Berenice, podría invitarla a cenar. Sin embargo, ¡sólo me dio las gracias y rechazó todas mis invitaciones a cenar!».

A pesar de querer decir algo, Elvia pensó que sería mejor morderse la lengua.

—De acuerdo. Haré los arreglos de inmediato.

«¿Quién soy yo para expresar mis opiniones si Limberto quiere ir por ahí buscando problemas? No puedo arriesgarme a que sepa lo que estoy ocultando De lo contrario, podría terminar muerta».

Cinco minutos más tarde, Fernando acababa de entrar en la residencia Aguilar cuando recibió un mensaje de Elvia.

Tras leer el contenido, borró rápidamente el mensaje.

—Ja. ¡Es imposible detener a este tipo cuando está en pie de guerra!

Esteban, que se había acercado a la puerta para dar la bienvenida a Fernando, sintió curiosidad.

—¿Qué ocurre?

Fernando se encogió de hombros y sonrió.

—No es gran cosa. Es sólo que Limberto tiene ganas de pelea.

A continuación, le hizo a Esteban un resumen de la situación, incluido el complot secreto de Limberto contra Grupo Cardenal y cómo quería apoderarse de Berenice y del dinero.

—Limberto Salas debe tener ganas de morir —dijo Esteban con frialdad—. ¿Quieres que le haga entrar en razón?

Fernando le dio a Esteban una palmada firme en el hombro.

—Si haces eso, solo se esconderá. ¿Cómo voy a sacar a la luz todo lo que hizo, entonces? Deja que haga lo que quiera. Quiero ver hasta dónde llegará para conseguir sus objetivos.

—Claro. En ese caso, ¿quieres ver al anciano o tratar primero a Aranza?

Intuyendo quién quería verlo, Fernando respondió:

—Pues que espere esa persona mayor.

Los labios de Esteban se crisparon.

«Dios mío ¡No hay mucha gente en Lindavista que tenga las agallas de hacer esperar a ese hombre!».

Sin embargo, como Fernando ya lo había decidido, Esteban no tuvo más remedio que guiarlo hasta Aranza.

Sabiendo que Fernando iba a pasar por allí para administrar el segundo tratamiento de acupuntura a Aranza, Ramona había dejado de lado parte de su trabajo y se había apresurado a acercarse. Al ver al hombre, no pudo evitar soltar un bufido desdeñoso.

—Hmph. ¿Por qué has tardado tanto? ¿Has perdido la confianza?

—Llegué tarde porque estaba pensando si debía ir a un hotel o a casa de cierta persona para regodearme cuando esa persona pierda hoy —dijo Fernando, con los labios curvados en señal de desprecio.

La expresión de Ramona se volvió al instante fría como el hielo.

—¡Sigue soñando!

«¡Por supuesto, quiero que Aranza mejore! Sin embargo, si eso ocurre, tendría que ser la doncella de Fernando y bailar para él».

«Argh Sigo sin tener ni idea de por qué Génesis es tan educada con Fernando e incluso lo trata como a su mentor. Intenté preguntarle a Nataniel, pero en lugar de obtener mis respuestas, me reprendió por ser demasiado entrometida. ¡Qué frustrante!».

—¡No puedo creer que su piel se haya regenerado! —exclamó Génesis—. ¡Señor Lemus, usted es increíble!

Ramona, por su parte, se sintió desgarrada y apretó los dientes.

«Dios mío Las feas cicatrices del cuerpo de Aranza han desaparecido y una nueva capa de piel crece lentamente. Aunque todavía está tierna y casi fina como el papel, hasta el punto de que puedo ver su carne y sus vasos sanguíneos, ¡es innegable que es una nueva capa de piel! Está cubriendo el cuerpo de Aranza como una película transparente».

Fernando exhaló un suspiro de alivio y dejó lentamente las tijeras en el suelo.

—Yo no soy el asombroso. Es el Ungüento Regenerador haciendo efecto. Sin embargo, ¡ésta también será la etapa más peligrosa y vulnerable de la señorita Aguilar!

Al fin y al cabo, era como una langosta mudando, débil e indefensa hasta que se endureciera el nuevo caparazón.

¡En ese estado, hasta la más mínima herida podría matarla!

—¿Qué debemos hacer ahora, Señor Lemus? —preguntó Génesis con solemnidad.

—Utilizaré la acupuntura para reforzar su sistema inmunitario, lo que ayudará a prevenir infecciones si su piel recién regenerada se desgarra. Además, prepararé más ungüento regenerador para su aplicación externa y la mantendré vendada. Después de este tratamiento, su piel debería volverse más gruesa, y los riesgos de heridas e infecciones también disminuirán…

Génesis escuchó con atención y asintió.

—No se preocupe, Señor Lemus. Vigilaré a Aranza y me aseguraré de que nadie se le acerque.

Como no quería perder más tiempo, Fernando empezó enseguida su tratamiento de acupuntura con Aranza.

Alimentada por la esperanza, ésta le prestó toda su colaboración y dejó de sentirse incómoda o avergonzada.

Tras el tratamiento, Fernando abandonó la sala y se preparó para hacer otro lote de Pomada Regeneradora.

En cuanto se fue, una enfurruñada Ramona se volvió hacia Génesis.

—Doña Benítez, ¿significa esto que he perdido?

Génesis miró impotente a la mujer.

—Niña tonta. No me sorprende en absoluto que hayas perdido. Sin embargo… …esto podría ser algo bueno para ti.

—¿Qué? ¿Cómo puede ser esto algo bueno? —murmuró Ramona.

«¡Tengo que ser la mujer de Fernando y hacer un baile sexy para él, por el amor de Dios! ¡Esto es lo peor que podría pasar!».

—Eso es porque no sabes cuántas mujeres se mueren por acercarse al Señor Lemus —explicó Génesis.

—¡No le creo!

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