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Médico Supremo romance Capítulo 141

—Mi abuelo no vendrá. ¡Mi padre nos representará en ese momento!

Alisa se sentó junto a Fernando. Estaba tan cerca de él que parecía que se apoyaba en él.

Sin embargo, Fernando no pareció darse cuenta.

Se frotó la barbilla.

—¿Don Mendoza no viene? ¿Puede tu padre encargarse de Saúl?

Aunque Fernando no conocía a Saúl, había escuchado hablar un poco de él.

Al parecer, Saúl era una figura formidable que partió de la nada y consiguió lo que tiene por sí solo.

Por otro lado, el padre de Alisa, Bernabé, creció bajo la protección de Teodoro.

—Saúl tampoco vendrá. Mi padre sólo tiene que enfrentarse a Elsa —dijo Alisa mientras lanzaba una mirada de reproche a Fernando.

«¡Cómo te atreves a menospreciar a mi padre delante de mí, cabr*n!»

Fernando entrecerró los ojos.

—¿Estás diciendo que tu abuelo y Saúl no vendrán, y que tu padre y Elsa los representarán en su lugar?

—Así es —Alisa asintió mientras empezaba a revelar la razón de todo aquello—. Aunque Ciudad Jade parece estar bajo el control de la Familia Mendoza, en realidad siempre ha sido territorio de Tiberio. A lo largo de los años, aunque ha aportado el treinta por ciento de los beneficios a la Familia Mendoza cada año, él y la Familia Mendoza han estado a menudo enfrentados. Teniendo esto en cuenta, es probable que Tiberio se incline por uno u otro bando en el momento crítico. Por eso ni el abuelo ni Saúl quieren arriesgarse por si acaban sin tener a nadie de su lado.

Fernando cayó en la cuenta.

—¿Así que al elegir Ciudad Jade como campo de batalla y debido a la postura de Tiberio, ambos bandos no tienen que preocuparse de caer en las trampas del otro?

Alisa respondió:

—Exacto. Tiberio es neutral.

—¡Qué gracioso!

Fernando no pudo evitar soltar una fría carcajada.

Tiberio podría ser parte de la Familia Mendoza, pero los Mendoza claramente no confiaban en él.

En cambio, desconfiaban de él.

—Sólo puedo decir que a tu abuelo le falta valor. ¡Debería haber apartado a una persona así del poder hace mucho tiempo!

Alisa dijo:

—No es que a mi abuelo le falte valor. El estatus económico de Ciudad Jade es innegable, y la Familia Aguilar también reside aquí. ¿Quién se atreve a provocar problemas? También por eso mi abuelo no tuvo más remedio que acordar con Tiberio que puede actuar por su cuenta en ciertos asuntos…

Fernando frunció los labios con desinterés.

—¿Quién ha dicho algo de tener que crear problemas para resolverlos? De todos modos, ya que se trata de un asunto familiar, deberían resolverlo ustedes mismos.

Entonces, Fernando se levantó y se dirigió al exterior.

—¿A dónde vas? —preguntó Alisa.

Fernando levantó la mano y la agitó en el aire.

—Mientras Salomón no abandone Ciudad Jade, la Clínica Médica de Jerónimo no reanudará su actividad. Me vuelvo a esperar a que su familia resuelva este problema.

—¿Y si nuestra familia no puede resolver esto al final?

Fernando ya estaba en la puerta del patio cuando se detuvo. Una pizca de frialdad brilló en sus ojos.

—¡Entonces más vale que Salomón no vuelva a cruzarse en mi camino!

Con eso, se fue.

Una leve sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Alisa, y en su rostro apareció un atisbo de expresión juguetona.

«No me extraña que el abuelo insista en que debo ganármelo. ¿Qué clase de secreto tiene?».

Parece que tendré que esforzarme para entenderlo.

Fernando regresó por la tarde a la Villa No.1 de Bahía Dragón.

—Señorita Lamadrid, ¿qué está haciendo aquí?

Al entrar en el jardín, vio a Magali sentada en el cenador y charlando con Diana.

—Le pedí a la Señorita Lamadrid que viniera —dijo Diana mientras le hacía señas a Fernando para que se acercara.

Resultó que Magali vivía en la vecina Villa No. 2.

Cómo se dejaba ver de vez en cuando, se había familiarizado bastante bien con Diana.

Tras regresar de la Clínica Médica de Jerónimo por la mañana, Diana se había preocupado por Fernando. Fue entonces cuando pensó en Magali, la nieta del hombre más rico de Nutana.

Había invitado a Magali para ver si podía ayudar a Fernando.

—La Señorita Lamadrid ha accedido a ayudarte. Dale las gracias, ¡rápido! —dijo Diana.

Los labios de Fernando se crisparon un poco.

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